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Cogida por un viejo 1
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Racconto42 min di lettura

Cogida por un viejo 1

Cielo Riveros bien noto aquel bulto y le sorprendía que tan diminuta persona pudiera dibujar algo enorme, aunque bien podría ser parte de sus exageraciones. Ella reaccionó cuando sintió que una mano la tentaba por detrás, recorriéndole la espalda llegando hasta el inicio de sus nalgas

La velocidad con la que el asombroso Faustino deslizaba la verga logro arrancarle los gustosos suspiros a la colegiala, mientras se apoyaba en la breve cintura de la nena. Rozaba apasionadamente el sensible y extasiado clítoris, haciéndola abrir los ojos, ya emitiendo gemidos de un carácter orgásmico, ya tan cerca del añorad clímax.

-Aaaaahhhh… que rico apretón –exclamo de repente el enano con sofoco y al límite posible –Pinche morra, aaaaahhh… puta… como aprietas…

-Aaahhhhh, aaahhhh… Mmmmm… - gritó de pronto la joven al borde del orgasmo, apretando los mulsos, tratando de deshacerse del pequeño cuerpo que la penetraba, mas prácticamente Candelario alentando a su socio.

-Dale chaparro, ya la tienes, ya la tienes… dale, dale duro cabron, que sepa quién manda… -secundaba Candelario disfrutando la evidente flaqueza pasional de la nena.

Aquello era una tortura demencial para el pequeño sujeto, buscaba distraer su mente para evitar ceder, trataba de pensar en cosas extrañas, horrendas, incluso aburridas, cualquier evento que fuera lo sufrientemente perturbador para no llegar a su propio clímax, pero que no fuera prejudicial para su erección; mas, para oportunidades como esta, es imprescindible estar preparado, y el definitivamente no lo estaba ni cerca.

- ¡Aaaahhhhh, hmmmm… hhhmmmm… me venggoooo, me venggoooooo! ¡Aaaaaaahhhhhhhmmmmmmm…!

Ese fue la exclamación que de pronto y sin mas atajos dio el hombrecillo. La chiquilla estaba en pleno trance orgásmico, apretando sus potentes piernas, contrayendo con sus músculos esa erección que la atravesaba, amenaza alterna para su perpetrador.

Por su parte, llevó uno de sus guangos brazos para afianzar de su espalda a la nena, picándole su pecho, podía notar la agudeza de los duros pezones, la suavidad de una mujer joven; la pareja estuvo unos minutos así.

El aun empalmado enano seguía con su verga bien escudriñada dentro de la chiquilla, para poco a poco volver a ponerse flojita y exhalar un prolongado suspiro.

El depravado hombrecillo. Estaba mucho más que contento, se sentía revitalizado por esa victoria que atribuía completamente suya, sintiendo el correr de los fluidos vaginales de la chica por todo el grueso de su verga, escapándose hasta sobre la cama. Saco su endurecida verga, de la cual escurrían diáfanos flujos que la envolvían como si estuviese rebosada.

-Vele viejo… Así se hace –dijo con la voz acortada y muy cansada como el que corre la maratón.

-Jajaja, si no aguantaste nada, jaja – replico burlón Candelario.

-Pero ¿Si viste cómo hice que se corriera? Si te digo y no me crees. Ah que rico, casi me haces que se me salgan hasta las tripas pinche morrita. Hmmm… -dijo recogiendo con sus dedos un poco de ese flujo que corría en esa vainita y llevándosela a la boca, como favoreciéndose de los sabores de esos líquidos entremezclados. –Que rica sabes mamasota.

La mujer  aun no despertaba de su estado orgásmico cuando ya era puesta en cuatro puntos y no era precisamente para estar orientada a chuparle la verga a Faustino que se había echado de espaldas, abriendo las cortas piernas y esperando la obra sexual de la chica, pero todo parecía dispuesto así. En realidad, Candelario se acomodaba tras ella, parándole las nalgas, pero sin pretender penetrarla. Tan solo vigilaba que ella se comportara atenta a sus requerimientos.

Cielo Riveros se comportaba autómata, mirando al enano, estableciendo conexión con ese grosor viscoso, mojado, y metiéndoselo, sin más, a la boca.

Se había comido más de la mitad de la tranca, respirando todavía agitada, exhalando sonidos conciliatorios, soportando ligeras arcadas al tragar tremendo grosor, soportando el olor nauseabundo que llegaban hasta su perceptiva nariz, en donde también se escabullían los crespos pelos de la verga del enano.

-Aaaaahhhh... -suspiraba Faustino aun con la verga sensible, el alma dichosa y esa mente pervertida. -Límpiamela, aaahhhh... Eso es mamasota. ¡Déjala limpia...!

Cielo Riveros procuraba hacer tan solo su dedicado trabajo, esforzándose por terminar de una vez por todas con él, incluso pensaba en vaciarlo de una vez, entendía que con eso se calmaría seguramente. En su derretida y más ligeramente palpitante vagina sentía el restregar de la verga de Candelario, tan grande y tan caliente como al principio. Cuanto agradecería que se la metiera de una vez, su vagina estaba templándose, pero con esos restriegues masturbatorios tan solo la calentaban. Mas no sucedía, el chicharronero solo se divertía mirando a la jovencita, dirigiéndole cualquier cantidad de murmurios soeces y alentadores.

Así que de forma muy decidida comenzó a rodear toda la cabeza de ese falo, retirando todo el líquido que lo cubría, sus propios líquidos y unos cuantos que escurrían de ese negruzco miembro. Tragaba con un repulsivo e inédito gusto todo cuanto podía entre su saliva y los líquidos salados. Rápidamente se la había sacado de su boca, para contemplar su propio trabajo; un hilillo muy denso quedaba conectado entre sus labios y la gruesa verga. Miraba con ojos que tenían la facilidad de verse altaneros, retadores que no la desmeritaban, al contrario, la hacían ver tan sensual. Ahora bien, era una muestra de su desquitado orgullo por tener que chupársela a un ser tan repugnante que la, miraba lujurioso y enajenado orgullo, tan solo ella se imaginaba con la cabeza hundida en esa mata de asquerosos pelos, haciendo lo que otra chica jamás en su vida haría por cualquier cantidad de dinero. Ese nivel de perversión era tan único que de alguna manera su mente admitió que resultaba mucho más agravado, y por ende mucho mejor, que en sus cómodas fantasías cuando se masturbaba a solas en su cuarto, imaginándose con cualquier cantidad de sucios pervertidos.

Volvía a metérsela en la boca, sin procurar metérsela toda, pero Faustino la tomó de la cabeza para que esta lograra tragársela toda casi de manera profunda, instando llegar a la base. Casandra creía ahogarse, lagrimas tenues resbalaban por sus mejillas ruborizadas, sintiendo como le movían la cabeza de atrás hacia adelante, luego alguien la empujaba la cabeza arremetiendo contra esa maraña de pelis, sintiendo como todo ese grosor ocupaba el ancho de su boca, sintiendo como le faltaba la respiración. Con gran esfuerzo se retiró el miembro de la boca, carraspeó gravemente, lagrimeando y escupiendo un poco, envuelta en las risas burlonas y placenteras de los adefesios aquellos.

Aun no se recuperaba cuando fue empujada al culo de Faustino. El alzaba las piernas con las manos. Candelario llevo las manitas de la chica para que relevara al hombrecillo pues con su estatura no conseguía realizar una buena postura. El enano.se recostaba, improvisando una almohada y acomodando su cabeza, mientras la nena le abría las cortas piernas y así exponía el culo.

Nuevamente fue empujada por Candelario. Ella de por si estaba completamente enganchada a pesar de sus incomodidades. Mas al caer sobre ese trasero algo se disipó. Su bien ya había esculcado en un orificio anal, encontrando un particular y turbado entretenimiento en ello, le hubiese gustado hacerlo por ella misma. Era una repulsión aún más tremenda, ver ese culo aún más ennegrecido que todo el apagado cuerpo del enano, plagado de pelos y muy ancho.

Fue empujada de nueva cuenta, cuando aún analizaba aquella área cubierta de ciertas costras antihigiénicas y recogía de manera delicada su negro y fino cabello. Su nariz rozo aquel orificio, descubriendo un aroma bastante desagradable que le provocaron una arcada instantánea, tan frecuente pero tan endeble como para hacerla vomitar; pareciera que sus sentidos fuesen destinados a padecer y merecer este tipo de calamidades. Candelario exclamo una especie de insulto o amenaza, mas era la impaciencia lo que la, ponía a trabajar. Su lengua se iba acercando tímidamente, ampliando el ángulo tomando las gruesas, pero livianas piernitas del enano. Cuando hizo contacto descubrió un sabor salado y rápidamente retiro su lengua. Faustino apenas sintió el contacto, se sobresaltó de tal manera que, además de un espasmo sobre su corto cuerpo, sin poder contenerse despidió una sórdida flatulencia casi a la cara de Casandra, que afortunadamente estaba lo bastante retirada como para aspirar el contenido gaseoso completamente. Pero bien pudo percibir tremendo olor, haciéndose a un lado, mismo notado por Candelario que reflejó con cierto enojo su natural asco.

-Pinche... puff... Pinche marrano...

Candelario expresó de inmediato un gesto de asco soso por la inesperada acción de su enano amigo, luego ese gesto se volvió en uno de gracia burlesca pues se encontraba un poco divertido por lo bizarra de esa escena. Recompuso y acomodó esa sensual anatomía femenina; la volteo para que ella quedase, aun en cuatro puntos, con la concha expuesta hacia el agitado Faustino, que de nuevo se la metió de un simple empujón.

- ¡Aaaaayyyyy!

La chica gritó muy sorprendida ante la pasividad en la que se hallaba su vagina y recibir así, sin estimulación, ese grueso miembro, haciéndole que olvidara lo asqueroso de lo sucedido en afanada labor mamatoria. Esa verga se introducía nuevamente, empezaba a reconocer las texturas, mientras caía en sus vejaciones y el dolor inesperado, que le hicieron soltar unas lágrimas casi tan dolorosas como el ensanchamiento de su vagina, que rehacía una humedad más apropiada. Sus sollozos parecían más bien gemidos, adecuados para el afortunado enano que se envalentonaba para atacar con más fuerza a la hermosa nena.

Prima di andare avanti…

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