-Mírala, pero que puta… se ve que te encanta la verga jajajaja –bufaba Candelario.
Cielo Riveros estaba ignorando tales denigrantes insultos, ya no tenía caso poner a defensa su dignidad. Estaba centrada en su labor, incluso se ayudaba masturbándose un poco, lo necesitaba hacer, bien le había servido para soportar el primer contacto que había tenido con Candelario. Era inminente que empezara a sentir ciertas cosas al estar estimulándose; de su boca al emitía ligeros gemidos, murmullos ligeros, sonidos succionadores y mojados, mientras meneaba su cabeza para realizar correctamente tales chupadas.
Al mismo tiempo procedía a masturbar la verga de Candelario, usando una de sus manos. Era un modo de distraerse; aquella gruesa verga despedía un olor bastante insalubre, como si este no se bañara, además, o era su turbada imaginación, tenía un olor muy raro, bastante salado y con olor de orines muy latente. Cerraba los ojos, tratando de que sus sentidos comenzaran a distorsionarse por completo para ser más pasadero el perturbado asalto a los mismos. Se relamía los labios cada vez que podía, sintiendo el salado sabor del líquido pre seminal. Para pasarla mejor pasaba su boca de un miembro a otro, ensalivándolos y mezclando dentro de ella el sabor hediondo de ambas vergas. De sus labios caían cantidades seria de saliva que mojaban sus blancas tetas, lubricándolas por así decirlo.
El par de afortunados, de figuras aberrantes, uno más que el otro, permanecían soportando el trabajo lingual de tan suculenta joven. Faustino acomodaba los mechones necios que caían sobre la frente de lamujer, acariciándole la cabeza al mismo tiempo. El otro seguía inmóvil, orgulloso, descansando sus manos en sus lonjas, equilibrándose con ello.
-Ha de saber bien rica la zorrita de esta morra- expreso Faustino.
-Jaja… allá tú si no aprovechas.
-Ah, como de que no. Échamela y vas a ver.
Cielo Riveros fue forzada a levantarse, aun cuando se tragaba la verga de Faustino, una vez más interrumpida. Fue acomodada sobre la cama, Candelario yacía tras ella, sosteniéndole los brazos, ordenándole que abriera las piernas que ella casi con docilidad hacía, mostrándole a Faustino tremenda panochita, exquisita, tierna y brillosa por sus fluidos femeninos. El pequeño sujeto de una se dejó enterrar su arrugada y gruesa cara en ese ángulo divino, clavando su boca en esa intima de la jovencita, que miraba las curiosas peripecias de ese aterrador ejemplar humano.
El robusto y corto sujeto, comenzó a lamerle de manera aterradoramente voraz la panchita de la joven, pasando su lengua por toda la extensión, que destellaba los hermosos pliegues juveniles, haciendo que Cielo Riveros comenzara a presentir el devenir de gemidos placenteros, que revelaban la facilidad para adquirirse en niveles de barata calentura. Debía admitir que ser devorada de esa manera era una forma muy asequible para lograr en ella un éxtasis superfluo.
-Que rico sabe mamasita. Luego luego se ve, que rica esta tu panochita… -Faustino fabricaba glutinosos sonidos al comerse el degustable sexo de la nena, con los labios mojados de los múltiples líquidos vaginales de cielo Riveros.
Faustino enterraba su desabrida boca en los dibujados albores de esa jovial cueva femenina, impregnándola de sus babas y tratando devorar los jugos que escurrían de esta, que no concebía ninguna fecha que se pareciese al evento que ahora disfrutaba. Definitivamente comprendió que a ella le estaba gustando, por lo que emprendió una chupeteada más importante que las anteriores, como intentando succionar todo ese complejo aparato reproductor femenino. Entonces candelario, que estaba más al pendiente del tiempo por el que su amigo había pagado, insto a que este apurara si quería disfrutarla. Así que se acomodó entre las carnosas piernas de Cielo Riveros con la intención de penetrarla.
La mujer veía con ese existente terror como ese adefesio natural se le acercaba de apoco, acomodándose junto a ella y no solo eso, alcanzándola justo para llegar a su boca, recibiendo esos negros labios, realizando un malsano beso, sintiendo una larga lengua que la esculcaba casi queriendo llegar hasta su garganta, provocándole, además de el asco de sentir el ácido hedor de una boca poco aseada, ganas de vomitar. Era un auténtico reto soportar la repulsión que generaba un sujeto así.
Parecía que este hombre se estuviera comiendo esa boquita como si de ello dependiera su vida, incluso lamía como desesperado la tierna cara de la colegiala, humectándola con varias capas de saliva, que escurrían de ese hermoso rostro. Al tiempo, empezó a tallar su revestida verga sobre la humedad de la nena, movimientos oscilatorios que generaban lubricación en los muslos internos de la jovencita, compartiendo el inminente calor, generando ese puente lubrico entre los muy contrastantes cuerpos.
-Ora si morrita, a darle. Vas a sentir lo que es una rica verga en esa rica panochita –exclamaba el enano, a tan solo milímetros de la boca ya desaseada de la nena, por el evidente hecho de haberse introducido ahí un par de vergas.
La nena miraba con desdén, más que nada soportaba el aliento penetrante y fuerte que salía de esa boca infame, que habían jugado con la suya. Sus ojos se entreabrieron y finalmente tuvieron bien a expandirse cuando el asqueroso hombrecillo le había atravesado de un solo empujón esa gruesa verga, que gracias al trabajo previo de lubricación había resbalado muy bien. Sentía que gran cantidad de pelos se habían metido incluso, por una intensa sensación de cosquillas en las paredes limítrofes de su vagina. Aquello llegaba hasta lo más profundo que podía llegar, pero también la ensanchaban más de lo que había sentido con Candelario. Aquel con todo y sus limitantes para moverse con buen estilo, empezó a menearse, incluso pareciera que se estuviera meciendo sobre la anatomía de Cielo Riveros, ya que sus pies de pronto quedaban fuera de su base de apoyo, cuando intentaba tomar vuelo y embestir a esa voluptuosa y perfecta anatomía de la mujer.
-Siii… Siiiiiii… Siiiiiiiiiiii… Que riiiiiico…. Siii…. Ooooooh…. Que rica putita, como aprieta la canija…. Ahhhhh….
Cielo Riveros odio ver a ese decrepito sujeto, ese asqueroso rostro apagado y escaso de vitaminas o hierro, que jadeaba y realizaba sonidos bastantes perturbadores, profiriendo sonidos confundidos con su manera de respirar tan trepidante, esforzándose con mantener el ángulo preciso. Ella mostraba sus tiernos ojitos, cautivando al enano con su mirada tan inocente y altanera, que resistía sus propias reacciones, pero que desequilibraba al pobre Faustino.
El adusto hombrecillo vertía cantidades seria de sudor a través de sus múltiples poros, que recorrían el corto de su abultado cuerpo, escurriéndose hasta caer sobre el cuerpo de cielito.
-Hey ¿Te está gustando verdad chamaquita? –departió Candelario acercándose a la sensual mujer que mantenía los ojitos entrecerrados, moviéndose las bonitas y largas pestañas, y frunciendo el ceño, como si le doliera de repente. –¿Te gusta cómo te la mete este feo chaparro verdad? Eh, putita, ¿te gusta la verga de los enanos? Jajajajaja.
Cielo Riveros preferiría ignorar tales cuestionamientos, estaba todavía apercibida de admitir tal calamidad.
-Jejejeje, mira nomas, como te lo estas disfrutando. Si ya decía yo, tu naciste pa comer verga, jajaja. Mira que coger con un par de culeros como nosotros… Jajaja…
-Mmmnoo… -trataba de replicar rápidamente la chica, tratando de rehuir al hecho irrefutable –ust… nooo…
-Jajaja… como de que no, jajaja… -exclamo atento el viejo chicharronero.
Irónicamente, la chica negaba con la cabeza, pues el sonido húmedo de aquel mete-saca y su respiración trémula la contradecían completamente.
- ¿Y porque estas tan mojada? –reclamo Candelario, con cara socarrona hacia la joven victima que preferia evadir cualquier mirada.
-Nooo… nooo… noommm… -dejo escucharse de entre las exhalaciones de la joven.
Faustino, en tanto, no paraba de penetrarla, alcanzando una habilidad admirable, dado lo limitado de su cuerpo, acumulándose en esa cavidad húmeda de Casandra una gran cantidad de sensaciones liquidas, por cada empuje que este le acomodaba, incluso bastante irreconocibles para el, pues vaya que resultaba ser la experiencia mas increíble de su miserable vida.
-Si mi vida, ya di que te gusta –intervino Faustino. –Mira nomas, si aprietas bien rico mi vida. Tas hasta sudando mamasota. Pa que te haces, a ti te encaaaaanta la verrrga miamorrr…
-Nooooo, no es así… ohm… aaayyy… nooo… por favooorrr
-Mírala, como brama como perrita, jajaja –declaro astutamente el enano que la comía con sus ojos saltones. -Jajaja… bien que te gusta. Tú me gustas un chorro. ¡Nunca había tenido a una morrita tan buenota como tuuu…!
Con esto último dicho el hombrecillo aceleró aún más sus turbios y aplicados movimientos. Casandra se delataba cada vez más, no podía competir contra la fuerza más adecuada para la situación. Las embestidas eran tan intensas y constantes, a pesar de las peripecias del enano, que parecía como si estuviera siendo cogida por una especie de máquina inagotable, aquel tan solo aumentaba y mantenía ese ritmo. Se escuchaba el característico golpeteo de ambas pieles al contactarse, los pujidos de dolor que soportaba esa jovencita, el presente placer a través de avergonzados gemido, la agravada voz flemática del enano que gemía gozosamente y la risa burlesca Candelario que disfrutaba como violentaban a tan hermosa jovencita.
