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Orgia con jovencita Miriam Caballero en una cantina
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Racconto36 min di lettura

Orgia con jovencita Miriam Caballero en una cantina

• Vaya princesa, mira que buena estas. Ok, ok, vamos a dejarlo aquí, pero antes muéstranos las pantis, ¿o tampoco traes? Nuevamente, así, sentada, tuve que abrir un poco las piernas, para que notaran con sumo detalle la diminuta tanga que traía. Todos rieron divertidos

 

Pasó casi una hora antes de que el viejo regresara, afuera comenzaba a anochecer, durante ese tiempo estuve dormitando y reponiendo fuerzas, no sabía lo que vendría, pero intuía que el viejo iba a repetir lo que había pasado con anterioridad. Se había llevado mi cel y la puerta estaba cerrada con llave, por lo que me encontraba prisionera dentro de esas dos habitaciones. Revolví algunos cajones buscando algunas cosas, pero no había nada fuera de lo normal, se veía que el viejo vivía solo desde hacía tiempo, y solo llegaba para descansar. Como mi ropa interior se había quedado en el auto, solo volví a vestirme con mi uniforme de escuela. Escuché sonidos de la cerradura y corrí a quedarme en el sofá. El viejo se asomó por la puerta, venía sonriendo y cargando una mochila negra.

 

–        Hola putita, espero que hayas descansado porque te tengo otra sorpresa.

 

Abrió la maleta y sacó de dentro un par de cadenas. Entendí que eran para sostenerme y que no pudiera moverme. Nunca había usado algo así y me dio un poco de miedo, de nervios, empezaba a dudar si había sido una buena idea haber venido a este sitio, donde el viejo podía, si quería, matarme, ya que nadie sabía que yo estaba ahí.

 

–        Tranquila zorra, no voy a lastimarte, además, me prometiste que ibas a obedecerme en todo ¿no lo recuerdas?

 

Tenía razón, había jurado que iba a obedecerle y a ser suya, en medio de un magistral orgasmo, pero ahora con la cabeza más fría empezaba a temer lo que pudiera hacerme. El viejo se acercó con calma, mientras yo temblaba, y me tocó la mejilla, luego me besó mientras tomaba mi mano para colocarlo sobre su miembro, ya a medio crecer. Ahí recordé porque estaba ahí. En ese momento abandoné mi deseo de huir, y volví a dejarme hacer. Me dirigió hacia la mesa donde amarró con fuerza las cadenas a las patas de la cama, y después con unas muñequeras de cuero que sacó de la bolsa me sujetó de las manos, mientras otro par de cintas de cuero sujetaron mis tobillos a la mesa. Quedé tendida en la madera de la mesa con la cabeza hacia un lado y el culo inclinado del otro. El frio de la madera endureció mis pezones. No podía moverme mucho. El viejo se pasó para atrás y me pasó una almohada debajo de la cintura para que levantara mis caderas, arremangó mi falda dejando mi culo expuesto y muy en alto.

 

La visión que debía tener de mis nalgas debía ser maravillosa, yo me veía en un espejo que tenía de frente y me veía putísima. Bajó su cara entre mis piernas y volvió a meter su lengua en mi cuevita, se ayudaba metiendo dos dedos mientras lamía mi clítoris, y en unos segundos yo ya gemía de placer, las rodillas me temblaban, uno a uno comenzaron a encadenarse varios orgasmos, tiraba de las cuerdas mientras mi cuerpo se tensaba.

 

De la mochila sacó como una tabla y una como pelota, con la tabla me dio una nalgada que me dolió. Solté un grito de sorpresa. Luego siguió otra nalgada, me quemaba la piel, y volví a gritar más fuerte. El viejo me volteó a ver reprochando mi acción.

 

–        Parece que vamos a tener que enseñarte un poco de modales, putita.

 

Nuevamente se fue hacia la maleta y sacó una pelota de esponja, y una cinta, me pidió que abriera la boca y me la metió, por lo que solo podía respirar por la nariz, la amarró por atrás de mi nuca y ahora tampoco podía hablar. Luego con toda la calma del mundo, volvió a tomar la tabla. otro golpe más fuerte en mis nalgas, grité nuevamente pero mi grito fue ahogado pues tenía mi boca cubierta. Otra nalgada y otro grito, intentaba decirle que no lo hiciera tan fuerte, pero estaba imposibilitada para hablar. Los tablazos siguieron hasta que sentía que la piel de mis nalgas ardía como brasas. Lágrimas brotaban de mis ojos impulsadas por el dolor y la imposibilidad de defenderme o escapar.

 

Dejó la tabla en la cama y volvió a comerme la vagina, para luego volver a azotarme, la mezcla de placer y dolor me confundía, y mi mente comenzaba a mezclarlas.

 

De repente se bajó de la cama y se dirigió a mi mochila, eso me intrigó mucho y más cuando sacó mi celular. Comenzaba a asustarme, ¿Qué pretendía?

 

– Ahora vamos a grabar un video para enseñarle a tu novio de cómo debe cogerte.

 

Me mostró que abrió la cámara y dejaba el celular en un buró al frente para luego pasarse detrás de mí. Me divirtió un poco la idea. Sentí un pedazo de carne que se abría pasó en mi vulva, yo estaba empapada por lo que no le costó trabajo. Al estar amarrada me costaba subir la cara, pero alcanzaba a ver en el espejo cómo me bombeaba. subía la velocidad y luego la bajaba y me penetraba más salvajemente, yo estaba en la gloria, mis gemidos eran ahogados por lo que tenía en la boca y prácticamente no me podía mover por estar amarrada. Algunas veces me jalaba del cabello para que mirara hacia el frente, a donde estaba la cámara.

 

Dejó de bombearme y se paró frente a mí, desamarró la cinta y dejó mi boca libre y me puso su hermoso miembro enfrente, yo no dudé y comencé a chuparlo, volteaba a verlo y luego hacia mi celular, me sentía actriz porno, me estaba grabando dando sexo oral. Me agarró el cabello y comenzó a bombearme, me ahogaba con su tamaño, pero me encantaba. “Así se trata a las putitas” “A tu novio le va a encantar como la mamas” me decía cosas así que me hacían sentir muy zorra, como una vulgar puta, pero que me prendían. Volvió a amarrar la pelota a mi boca y de nuevo no pude volver a hablar. Estaba en la gloria, la situación me ponía muy caliente.

 

“Vamos a ver como quedo, putita”, dijo. “¿Cuál es tu dedo para desbloquearlo?”. Sin saber lo que me esperaba cerré un puño y alcé el dedo que necesitaba, desbloqueó mi celular y no tardé en escuchar mis gemidos ahogados, estaba viendo los videos que me tomó.

 

– Vaya puta que bien ha quedado, y si lo subimos a internet para ver qué opinan tus amigas?

 

Con la cabeza le dije que no, no sabia si hablaba en serio, pero si lo hacía, mi vida estaba destruida, sonrió muy divertido, y se sentó en el suelo, ahora podía ver lo que hacía con mi celular, revisó mis fotos, nada interesante. Entró a mi WhatsApp y mis conversaciones.

 

– Jajajaja que tierna, le dijiste a tus padres que estarías con una amiga. ¿Y si le enseñamos lo que estás haciendo? Preguntó mientras se reía.

 

Me imaginé que pasaría si mi mamá se enteraba lo que su angelito estaba haciendo, y encima con un viejo que podía ser mi padre, no sabía que estaba hablando en serio. Dejó mi celular a un lado mío y regresó a lo que estábamos. De nuevo comenzó a meter un dedo en mí vagina mientras con su lengua taladraba mi clítoris, otra vez estaba en la gloria, dos y hasta tres dedos entraron con facilidad, ya me había arrancado otros orgasmos deliciosos.

 

– Te tengo otra sorpresa, ahora sí me voy a divertir contigo, nunca la vas a olvidar.

 

Me intrigó un poco lo que me dijo, pero yo seguía pensando que todo era un juego. De su mochila sacó un antifaz y me lo puso, ahora además de no poder hablar tampoco veía nada. Escuché la puerta de la habitación abrirse, y al rato escuché al viejo regresar, pero ¡VENÍA PLATICANDO CON ALGUIEN!

 

Me puse más nerviosa y hasta asustada. La visión que debía tener su acompañante. Ahí estaba empinada, con el culo en alto y la falda levantada sobre mi cintura, sin poder hablar y amarrada a la mesa. Prácticamente no podía moverme.

 

Estaba muerta de miedo, no sabía quién era el otro ni qué harían. Sentí una mano en mi nalga, una mano distinta a la del viejo. Intentaba moverme, pero era inútil con las cadenas, mis gritos tampoco se escuchaban y ya sentía mis ojos húmedos, estaba a merced de lo que quisieran. Moría de miedo, no entendía bien lo que pasaba.

 

Una lengua comenzó a lamer mis nalgas, por como las apretaban sabía que era el viejo, seguro su compañero no perdía detalle. Me abría las nalgas y comenzó a lamerme. Tenía muchas sensaciones, mi cuerpo reaccionaba a las caricias y estaba súper excitada, pero también tenía un miedo terrible de lo que pudiera pasara.

 

El viejo era muy bueno y sabía lo que me gustaba, mi cuerpo estaba prendidisimo pero yo seguía nerviosa, llena de miedo, de culpa, de nervios. Se detuvo y después de un rato alguien se hincó detrás de mí. Intenté moverme con todas mis fuerzas, pero era inútil, no sabía quién estaba detrás de mí. Ellos no decían nada, no podía identificar donde estaban.

Prima di andare avanti…

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