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Orgia con jovencita Miriam Caballero en una cantina
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Racconto36 min di lettura

Orgia con jovencita Miriam Caballero en una cantina

• Vaya princesa, mira que buena estas. Ok, ok, vamos a dejarlo aquí, pero antes muéstranos las pantis, ¿o tampoco traes? Nuevamente, así, sentada, tuve que abrir un poco las piernas, para que notaran con sumo detalle la diminuta tanga que traía. Todos rieron divertidos

 

Alguien comenzó a penetrarme, por el tamaño podría ser el viejo, pero no estaba segura. Lo único de lo que estaba segura es de lo bien que se sentía, me daba muy rápido, me jaló el cabello y me hizo la cara para atrás, comenzaron a correr lágrimas por mi rostro, me sentía muy mal, me gustaba mucho pero a la vez me sentía culpable de sentir tanto placer.

 

Lento y muy profundo y después muy rápido, sin duda era el viejo. Cuando estaba a punto de venirme se detuvo. Unos segundos después escuché el sonido como de un motor, al poco tiempo supe que era un vibrador. Comenzaron a jugar con él y mi vulva, yo estaba muy excitada pero seguía sintiéndome culpable, lo metieron en mí y comenzó a vibrar. La sensación era deliciosa. De pronto volvieron los golpes con la tabla, me quemó horrible, grité pero no se escuchaba más que gemidos. Otra nalgada y otro grito, mientras el vibrador hacía su trabajo y las paredes de mi vagina se contraían. Era una mezcla de placer y dolor que no me dejaba ni pensar.

 

Detuvieron el vibrador, el viejo se acercó a mi oído y me dijo

 

–        Te voy a quitar la pelota para que me la mames, pero te quiero bien calladita y ya sabes lo que tienes que hacer con esa boquita, ¿ok?

 

–

 

Asentí con la cabeza y sentí que desamarraban la pelota, estaba tan asustada que no pensé en gritar ni en nada, de inmediato me llenaron la boca con un miembro. No era el del viejo, era más pequeño. Me dio un poco de asco pero no pude hacer nada.

 

El vibrador de nuevo hacía los suyo, se sentía delicioso. Alguien lo metía y lo sacaba y tenía una como pestaña que daba exactamente en mi clítoris, mi excitación crecía y sin pensarlo comencé a succionar más el miembro en mi boca. Casi no me podía mover por lo que me tomaron del cabello y prácticamente me follaban la boca a su gusto.

 

No dejaban de caer lágirmas por mi cara, parte por el esfuerzo de tragar ese miembro erecto completo, otra parte por la culpa, aunque estaba muy excitada me estaban follando salvajemente. De repente sentí un líquido por mis nalgas, era aceitoso e intuí lo que seguía. Un dedo comenzó a abrirse paso en mi culito, Mi corazón se aceleró más por lo que estaba a punto de pasar y porque tenía muchas manos en mi cuerpo, entonces noté que eran al menos tres personas y no dos como había pensado. El viejo me dijo al oído

 

–        Imagínate el video que tenemos tuyo. Te estás cogiendo a tres hombres y lo estás disfrutando, ¿Sabes quién te va a creer que te obligamos con lo puta que eres?.

 

Era la verdad, parte de mí sí lo estaba disfrutando y supongo no se distinguía mis gemidos de los gritos para decirles que no y que pararan.

 

–        Te ves perfecta asi como estas, así que sigue portándote bien y sigue como hasta ahora. Te voy a desamarrar, pero no te quites la venda y deja que te digan que hacer

 

Sentí que desamarraban los cintos de mis muñecas y mis pies y alguien me tomaba la mano para llevarme hacia la cama. Me subí en la cama y sentí que alguien se pasó para abajo de mí y me hacía sentarme sobre el, para luego meterme su miembro por mi vagina. Luego sentí como alguien se subia a la cama y comenzaba a abrirse paso por mi culito. Lo había hecho otras veces y este chico no lo tenía tan grande por lo que a pesar que me dolió, pero era un dolor muy soportable gracias al lubricante que me pusieron. El que estaba debajo no se movía, el chico de atrás marcaba el ritmo de mis dos penetraciones y el otro prácticamente me follaba la boca.

 

Las piernas comenzaban a dolerme de cansancio, mi cuerpo respondía a la cogida que me estaban dando. Los que estaban en mi boca y en mi culo se cambiaron de posición y siguieron dándome igual. Estaba agotada.

 

El de mi boca fue el primero. Ya ni siquiera estaba agarrando mi cabeza, ya mamaba yo solita cuando sentí unos chorros en mi garganta. Me alcancé a quitar pero una parte sí me la tragué. Él lanzó un grito de placer pero no conocía esa voz. No sé cuánto tiempo después el que tenía atrás se vino en mi culito.

 

Luego de eso todos se pararon, escuché que charlaban en el cuarto de al lado y luego oir la puerta abrirse y unos minutos después regresó el viejo solo. Me quitó el antifaz, mis ojos trataban de acostumbrarse a la luz, pero por fin pude descansar acostada boca abajo. Se acostó al lado mío. Tenía su celular en la mano mientras se pajeaba. Habían puesto una cámara en un trípode así que sí estaba todo grabado. A los pocos minutos me pidió que me quedara quieta y boca arriba y apuntando hacia mi, se vino en mi cara. Estaba toda llena de la cara, el cabello y comenzó a resbalar por mi cuello.

 

–        ¿Te gustó tu sorpresa? Me preguntó. Está grabado como disfrutaste con tres, luego lo veremos, ahora descansa un poco, que todavía no termina, en un rato volveremos a usarte.

 

Me quedé acostada un rato, estaba muy cansada y adolorida. ¿Cuánto tiempo iba a pasar amarrada ahí? ¿Cuántos más iban a venir? Cerré los ojos, no me importaba. Intenté dormir un poco entregada a las sensaciones que había tenido esa noche.

 

Esos días el viejo terminó de romper todas las barreras de moral y defensas que todavía conservaba, obligándome a hacer cosas que nunca imaginé posibles en mi limitado mundo conocido, abriéndome un nuevo mundo de placer, dolor y sumisión. Al día siguiente luego de desayunar y pasar a asearme, me llevó a la mesa de la cocina donde me dejó amarrada con mis brazos y piernas separados en cruz a lo largo de la mesa. Después, poniendo una venda en mis ojos, escuchaba que abría la puerta y salía de la habitación. No pasó mucho tiempo hasta que comencé a sentir un pene erecto queriendo alojarse hasta el fondo de mi vagina. Y luego de venirse dentro de mí, salió y en menos de dos minutos volvían a penetrarme, al parecer más erecta que la primera vez. Supe entonces que estaba alguien más ahí. Luego me dejaron así amarrada hasta que luego de unas horas, volvía a sentir que alguien me follaba. Cómo tenía los ojos vendados me desorienté sobre la hora y el día. Solo me soltaba por ratos para que fuera al baño y comer un poco y luego me volvía a poner sobre la mesa o la cama con los ojos cubiertos y al poco tiempo empezaban a cogerme una, dos, tres y hasta cinco veces. Nunca supe cuántos fueron ni en cuántas de esas veces el viejo participó. En todo ese tiempo no me dejó tomar una ducha por lo que estaba sudada y pegajosa y con semen seco por todo el cuerpo. En todo momento alguien entraba, me penetraba por el ano, vagina o por la boca hasta venirse sobre mí, y con el antifaz no podía ni saber quién era ni cuántos hombres diferentes entraron.  Al fin, luego de tres días el viejo me liberó y me dejó ducharme.

Por todo mi cuerpo se apreciaban marcas de semen seco, mi cabello enredado y sucio y mi maquillaje era un desastre. Luego de secarme el viejo me dejó sobre la cama mi siguiente vestuario: un vestido blanco de una pieza, era tan corto que la tela terminaba casi debajo de mis nalgas. La tanga era azul y se traslucía por debajo y la espalda tenía un escote amplio. Me dejó unos tacones de aguja que me quedaron grandes, pero igual me los calcé. No me dejó poner brasier, por lo que mis pezones quedaban a merced de sus apretones y se trasparentaban a través de la fina tela.  Me subí a su auto y emprendimos rumbo hacia la carretera.

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