El siguiente trabajador se abalanzó sobre mí, de nuevo me penetró sin problemas, y en menos tiempo del que a mí me gustaría, se salió segundos antes de venirse y al igual que su compañero, me llenó la boca de semen espeso. Yo apenas podía moverme de forma torpe y lenta, así que ellos me manejaban a su antojo.
Por suerte aún quedaba uno de ellos, el joven de 18 demostró tener más energía e inventiva que sus compañeros, me tomó de las caderas y me penetró de una, yo apenas tenía fuerzas para gemir, mientras mis senos se bamboleaban al ritmo de sus embestidas. Ahí fue cuando alcancé el primer orgasmo verdadero de mi vida. Sentí ráfagas de electricidad corriéndome desde la espalda mientras movía las caderas de adelante a atrás y gemía sin control. Arqueé la espalda cuánto pude mientras el chico seguía bombeando como podía.
Al igual que sus compañeros, se vació en mi boca, y esta vez, consciente de lo que hacía y agradeciéndole el orgasmo, lo dejé entrar en mi boca, mantuve ahí su esperma desbordante, lo saboreé, y me lo tragué sin chistar.
El viejo ya estaba listo para otra vuelta, tomándome, así como estaba con las piernas abiertas, esta vez fue apuntando hacia el espacio más abajo de mi vagina, aunque intenté manotear, ni siquiera pude levantar el brazo, así que tuve que cerrar los ojos, y mientras mi cabeza daba vueltas, sentí como se abría paso con su pringosa verga en mi estrecho anito, ya no podía más que gemir despacito. Mmmmggh, mmmfff y dejarlo hacer a voluntad. Apenas le costó trabajo, en unos minutos y ayudado solo por su saliva, ya estaba bombeando sin problema. Yo lloraba en silencio, y lo único que podía hacer era apretar mis cejas por el dolor que estaba sintiendo.
– Toma puta, después de esto, vas a pedir verga a diario. Te vamos a dejar el culo bien abierto.
Creí que sería todo, pero no fue así, a los pocos segundos sentí a alguien más penetrarme y al terminar siguió otro, y luego otro. Durante todo ese tiempo, como una muñeca sin voluntad, sentía como me ponían boca arriba, abajo, me subían sobre alguien, se venían sobre mi boca, mi culo, mis tetas, me mordían los pezones y la zona del cuello. Yo apenas era consciente de que alguien se venía sobre o dentro de mí, cuando alguien más lo reemplazaba. No sé cuánto tiempo pasó, por momentos me dormía y despertaba sintiendo un nuevo cuerpo encima de mí, pero cuando recuperé la conciencia, ya era de día y mi cuerpo estaba totalmente cubierto de semen seco, no recordaba que había pasado pero el ardor de mi ano y vagina eran prueba inequívoca que no solo los 3 albañiles habían disfrutado de mi cuerpo. No me extrañaría que todo el bar, entre los que conté una docena al menos, hubiera aprovechado la ocasión.
El tiempo se detuvo para mí, y pude haber estado días enteros ahí sin notar la diferencia. De la inocente y cuidada niña que se preparaba para ir una fiesta hacía unas horas, solo quedaba el recuerdo, mi cabello estaba despeinado y pegajoso, mi cuerpo entero se sentía pegajoso, y mis agujeros distendidos al máximo. El viejo me llevó casi cargando al fondo y me dio un baño con agua fría, y luego me cubrió con unos trapos viejos, mi vestido estaba hecho jirones y estaba tirado en un rincón del cuarto. Me dijo que a partir de ahora era oficialmente una putita, y que ahora sabía cómo complacer a un hombre, me ayudó a limpiarme y luego me dio algo de tomar que dijo era para evitar quedar embarazada, a los minutos estuve vomitando los restos de ese remedio, de alcohol y de todo el semen que tragué la noche anterior. Antes de salir del bar envuelta en un par de prendas que el tendero me dio, vi de reojo como le entregaba un fajo de billetes al maldito viejo. Era fácil deducir que el desgraciado había aprovechado la ocasión para prostituirme y ganar dinero con mi cuerpo. Me subieron de vuelta a la camioneta y me fueron a dejar a mi casa, por lo que se enteró de donde vivo, y aprovechó para decirme antes de bajar:
Es mejor que ni digas nada, bonita. Tú y yo sabemos que nunca en tu vida habías gozado tanto como está noche.
Me imaginaba mil pretextos que decirles a mis padres, pero cuando llegué no había nadie en casa, ambos se habían ido a trabajar, y solo la señora de la limpieza me preguntó si todo estaba bien. Automáticamente le respondí que sí, que la fiesta se había puesto intensa. Le pedí de favor que no le dijera nada a mis padres, que tenía sueño y me iría a mi cuarto a descansar. Luego, como un autómata, subí a mi cuarto y me encerré. Lloré mucho, pensando en que hacer a partir de ese momento, si ir a denunciarlos o tomarlo como si todo fuera un sueño. La conciencia me torturaba pues fui yo la que al final les pidió que me cogieran, así que podían alegar que todo fue consentido, aunque en otras circunstancias por nada del mundo habría consentido que ningún hombre que estaba en la cantina me pusiera siquiera una mano encima. Por otro lado, mi idea del sexo había cambiado completamente, por todas las nuevas sensaciones que había experimentado esa noche.
Entre un pensamiento y otro, me dormí. Desperté unas horas después ya estando más repuesta al menos físicamente, no me creía todo lo que el viejo y sus ayudantes me obligaron a hacer, todo parecía haber sido una fantasía, algo salido de una película pornográfica. Mi celular estaba lleno de mensajes y llamadas perdidas de mis amigas, subí un estado diciendo que estaba bien y lo apagué, no tenía ánimo de hablar con nadie. El cuerpo me dolía como cuando tienes gripa, y mi culo y vagina me ardían. Me costó un rato levantarme y dirigirme al cuarto de baño. Me tardé bastante en quitarme la ropa y volver a estar desnuda. Esta vez a solas. Me lavé con cuidado y estando frente al espejo del baño revisé mi aspecto: por todo mi cuello, senos y hasta piernas tenía chupetones, arañazos y marcas de mordidas, mi vagina lucía roja e hinchada, lo mismo que mi ano, que tuve que revisar ayudada de un espejo de mano. Parecía que no había señales de que lo hubieran desgarrado, aunque sí sentí un ardor mientras lo enjabonaba. Luego de un largo y reparador baño de agua caliente, me unté algunas cremas para aliviar el ardor, por mis brazos, mis piernas, y al final, con mucho cuidado, por los labios de la vagina y los alrededores de mi culo, cada vez notaba nuevas marcas por todo el cuerpo y empecé a tratar de encontrarle forma a cada una y entre toqueteo y toqueteo, mirándome desnuda sobre la cama en el espejo que tengo al fondo, me quedé imaginando la impresión que mi cuerpo desnudo y mi piel blanca tenía sobre todos los hombres de esa cantina, todos hombres andrajosos y descuidados que en su vida habrían podido estar con una mujer de mi nivel, trabajadores sucios e ignorantes que ni siquiera podrían pagar por una prostituta decente. Todos ellos gozando de mi hermoso cuerpo, y todo gratis o a lo mucho a cambio de un par de monedas. Todos follándome salvajemente como animales, esperando su turno de montar a la hembra en celo. Entre esta idea y otra parecidas, me excité imaginándome como el objeto de esa gente pobre y miserable, una golfa barata que se somete a sus bajos instintos y hace todo lo que le piden, recibiendo vergas por cada uno de mis orificios, abriéndole las piernas a un desconocido mientras detrás de este hombre hacían fila un sujeto detrás de otro, cada uno igual de sucio y miserable que el de adelante, esperando su turno para penetrarme, imaginaba que la crema que me untaba en el cuerpo era el semen de cada uno de esos bastardos echándomelo encima de mi cara, mis senos, mis nalgas o hasta el fondo de mi vagina o mi culo y yo la esparcía con mis dedos por mi cuerpo mojado por el sudor. La idea se repitió una y otra vez. Me masturbé furiosamente para acabar en un profundo orgasmo entre gemidos y resoplidos. El orgasmo que tuve me liberó de la culpa de lo que había pasado, y me dejó más tranquila para seguir adelante.
¿Que siguió luego de esta fuerte experiencia? Mi vida cambió radicalmente, sobre todo en cuanto a la visión que tenía del sexo. El viejo me cambió de ahí en adelante y no, no fue la última vez que lo vi, meses después nos volvimos a encontrar y volvimos a follar, me sometió, me hizo lo que quiso y se repitió varias veces más
Luego de aceptar ir a la casa del viejo, y darme una primera cogida y sometimiento, estoy a la espera de que vuelva, con una nueva sorpresa aguardándome.
