-Vale, te vamos a dejar a tu casa, pero déjanos un recuerdo de este día, muéstranos tu sostén o tu panti.
Después de explicarles que no llevo sostén, ellos hacen cara de que no lo creen, y me piden que se los demuestre. No me queda otra que recorrer los tirantes del vestido y dejar que vean mis rosados pezones. Se escuchan gritos y aplausos de aprobación
Vaya princesa, mira que buena estas. Ok, ok, vamos a dejarlo aquí, pero antes muéstranos las pantis, ¿o tampoco traes?
Nuevamente, así, sentada, tuve que abrir un poco las piernas, para que notaran con sumo detalle la diminuta tanga que traía. Todos rieron divertidos
Pero mira, que casi no traes nada puesto, ¿habían visto algo tan hermoso en su vida? Nadie nunca nos va a creer, así que la única forma va a ser que nos dejes la tanga de recuerdo.
Insisten demasiado, incluso el viejo tiene que volver a mostrarme la navaja, como para recordarme que ellos son los que mandan, y que todavía puedo irme a casa sin visitantes en mi vagina. Con trabajos y ante la atenta mirada de los 3, tuve que quitarme la tanga, aun cuando lo hice lo más rápido que pude, vi como el viejo y sus amigos guardaban en su memoria la imagen de mi pubis con un delgado hilo de vellitos rubios perfectamente rasurados y arreglados. El viejo me toma de la rodilla e impide que cierre las piernas, dejándolos hipnotizados por unos segundos ante la lujuriosa escena frente a sus ojos. Sus manos se sienten ásperas. Los otros dos se acercan y comienzo a ponerme nerviosa. El viejo, haciéndose de la situación, me quita la tanga, que no tarda en oler. Los ayudantes se ponen calientes de inmediato, cómo perros acechando y hacen ademán de saltarme encima y violarme, pero para mí fortuna el viejo los detiene y les dice.
Ya tranquilos, déjenla en paz, está siendo una niña obediente. Está bien preciosa, vamos a ir dejarte a tu casa.
Uno de ellos verificó que no hubiera nadie en la calle y me sentaron en medio de la cabina, apenas cabíamos los 4 por lo que íbamos bien apretados y como la palanca quedó cerca de mis piernas, el viejo aprovechaba para tocármelas e intentando meter la mano entre ellas. Aunque usaba mis manos para quitársela, también debía quitar las manos de sus dos compañeros que me tocaban los senos y el trasero, por lo que una buena parte del camino iba intentando cubrirme y recibiendo caricias que, aunque involuntarias, y ya que me había quedado sin tanga, empezaron a producirme sensaciones. Sentía la cara acalorada y mi cuerpo caliente, tampoco siguieron mis indicaciones de dirigirse a la vuelta a donde estaba la fiesta, diciéndome que me llevarían a mi casa, pero que primero había que ir a dejar a sus ayudantes.
Llegamos a un barrio bastante pobre, donde se veían algunos puestos y gente yendo a la feria, ya era algo noche porque no se veía casi ya gente, y las pocas familias que quedaban estaban ya retirándose, solo quedaban algunos puestos y grupos de gente tomando.
El que iba hasta la ventana, el más joven de los 3, con un par de tatuajes en el brazo, tenía la piel morena por el sol y estaba rapado casi al cero, salvo por el copete que le daba un aspecto gracioso, además era bastante feo, y nos dijo.
· Oiga patrón, aquí en esta feria trabaja mi ex novia, la muy puta me dejó por un pendejo con carrera, como quisiera darle una lección y que me viera con una morra que estuviera más buena que ella.
· Pues aquí tienes una vieja más buena que todas las putas que hayas conocido, así que podemos darle una lección a la puta esa.
Estuvieron rogándome un rato para que accediera, y, ya que llevo un club de teatro en la escuela, decidí tomarlo como otra prueba de actuación y me convencieron de bajar e ir abrazada del muchacho aquel que cuando pasamos junto a un puesto donde una tipa enana y de aspecto vulgar nos miraba con desdén. Él aprovechó para tomarme con más fuerza y me plantó un beso bastante asqueroso que tuve que aguantar. Nos sentamos en una banca donde él aprovechaba siempre que podía para meterme mano y besarme el cuello, los pechos, la boca, yo debía fingir que no me molestaba y me deje consentir todo lo que se ocurría al muchacho, de vez en cuando pasaban parejas donde ellas me miraban como una golfa y ellos con cierta lujuria.
Luego de unos minutos que me parecieron eternos aparecieron los dos viejos compañeros que, entre risas, nos decían lo rico que la pasaban mirándonos desde una esquina, y exigiendo el mismo trato que su compañero, nos fuimos a otra parte de la feria para sentarme con otro de ellos y dejarlos fingir ser mis novios.
Así, por espacio de media hora, se dieron el lujo de tratarme de un modo que no habría concebido permitir a ninguno de mis novios. Y ya que no tenía ni sostén ni tanga, se dieron gusto metiéndome mano debajo del vestido y jugando con mi vagina, que empezaba a arderme por el rudo trato. De todos, el más asqueroso era el viejo, pues la gente me veía con extrañeza, sin entender como una muñequita como yo podía estar con un viejo tan asqueroso. Irónicamente, era el que mejor sabía usar sus dedos, y aun contra mi voluntad, cuando me besaba metiendo su lengua en mi boca, empezaba a sentirme cachonda por sus caricias.
Ya muy avanzada la noche, cerca de medianoche calculé yo, les dije que ya era suficiente, ya se habían divertido demasiado conmigo y que tenía que irme a mi casa.
Volvimos a la camioneta, yo seguía bastante acalorada y ya muy despeinada por todo lo que había pasado antes y con el vestido arrugado y desaliñado cuando me preguntaron:
Y a dónde ibas así de linda Iba a una fiesta Ah, ahora me siento mal, la niña se perdió la diversión por nuestra culpa ¿qué les parece chicos si llevamos a la niña a una fiesta?
Por más que insistí, su respuesta fue darme más de beber, y se enfilaron por otro rumbo. De nuevo aprovecharon para darme más bebida, a la vez que continuaban tocándome toda, y yo cada vez ponía menos resistencia. Me justificaba al pensar que era el cansancio.
Entramos en una cantina muy humilde, donde tipos con peor aspecto que mis acompañantes, tomaban aquí y allá. Conté unos 12. Empezaba a sentirme algo tomada. Nos sentamos en una mesa en el centro, donde todo mundo no dejaba de mirarnos, y mis “amigos” no cesaban de tocarme presumiéndome a los demás, me sacaban los senos, me abrían las piernas, me pellizcaban los pezones o el culo. Noté como el viejo iba a la barra y hablaba un par de cosas con el dueño del local.
Me dieron una bebida que se sentía más fuerte que las anteriores, no sé qué tenía, pero a los pocos minutos empezaba a sentir que el mundo daba vueltas, además de sentir mucho calor en el cuerpo. Sentía muchas manos tocándome las piernas, la cintura, los pechos y como iban subiéndome el vestido, yo apenas podía coordinar en tomar una mano e intentar quitarla cuando ya otras dos estaban ocupando su lugar, me abrieron las piernas, y empecé a sentir como me penetraban con sus dedos, otro dedo intentaba colarse en mi culito, y aunque todo el bar daba vueltas, sentía las miradas de todos fijas sobre mí.
Sentía al viejo besándome el cuello, tocándome los senos, mientras otras manos me tocaban la entrepierna, sentía mucho calor en el cuerpo y mis pezones erectos por los pellizcos y toqueteos. Varios dedos empezaron a penetrar mi vagina, mientras otras manos me mantenían abiertas las piernas. Mi vestido ya solo era un trapo enrollado en mi cintura. Las caricias seguían y mi cuerpo ardía. Más y más caliente. Sin darme cuenta siquiera empecé a murmurar:
– Cójanme, cójanme, pero no aquí por favor -, estaba caliente, y no me importaba que pensaran que era otra de las putas de sus historias, mi mente solo quería sentir una verga dentro de mí, pero una parte pudorosa de mi mente no quería hacerlo enfrente de un montón de viejos mugrosos.
Me levantaron entre dos y me llevaron a un cuarto en la parte de atrás y apenas me dejaron caer sobre un sucio catre cuando sentí un pene cercano a mi boca y la abrí gustosa, chupando como mejor había aprendido, mientras otro hombre me daba hasta tres dedos por mi vagina.
El viejo fue el primero, y aunque todo me daba vueltas y apenas podía percibir nada, el olor lo delataba. Subiéndose sobre mí, me abrió las piernas y me penetró de una, con lo mojada que estaba no le costó trabajo siquiera, su cuerpo olía a cerveza y sudor y, aun así, lo abracé y gemí con todas mis fuerzas. No duró mucho tiempo, después de unos minutos que me dejaron incompleta e insatisfecha, se salió de mí y metiéndome la verga en mi boca, se vació dentro de mi garganta Nunca había tragado semen, pero, así como estaba, no tuve oportunidad de decidirlo, el viejo me sujetó la cabeza con firmeza y la calentura pudo más que el asco, yo apenas y notaba el sabor salado y desagradable que se perdía con todo el alcohol que tenía encima. Mi cuerpo seguía deseoso de más sexo.
