El líder se la clavaba con fuerza, como tratando de perforarla sin compasión; en eso, otro de los tipos se acercó a ellos y dijo: “hay que aprovechar el otro hoyo”, entonces, tanto el líder como el otro tipo sacaron sus vergas escurriendo líquido; el líder giró y se acostó en la cama boca arriba con su verga bien parada apuntando al techo; tomaron a Cielo Riveros entre varios y la voltearon, por unos momentos nuestras miradas llorosas se cruzaron, hasta que ella de nuevo soltó un tremendo grito: “¡AAAAAAAAGGGGGGHHHHH mfffffffff!”; los malditos le taparon la boca con una mano y uno le gritó: “¡Cállate ya puta o madreamos a tu Papá!”. El grito lo había soltado porque la obligaron a clavarse de culo en la polla del infeliz ese; ella tenía las piernas abiertas y pude ver todo su sexo expuesto hasta que otro maldito se subió y le clavó la verga de un golpe por la vagina; un tercero, el mismo que la obligaba antes a mamárselo también se subió a la cama y de nuevo se la metió en la boca. Desde donde yo estaba veía claramente cómo se cogían a mi hija por los tres lados; cerré los ojos, pero más tardé en cerrarlos que en sentir una tremenda patada en los huevos y de nuevo escuché la orden: “¡abre los ojos cabrón o le cortamos los pinches pezones a tu putita!”; no tuve más remedio que abrirlos, aunque tenía la vista completamente nublada por las lágrimas.
Aun así, alcancé a distinguir que el marrano que obligaba a mi hija a chuparle la verga, la sacaba y se venía en la cara de ella y le soltaba toda su leche en la cara y los pechos. Al parecer salpicó al líder de ellos, que estaba debajo de Cielo Riveros porque vi que se molestó y lo recriminó. Yo aún no podía recuperarme del dolor de la patada que recibí, hasta los oídos me zumbaban; pero pude ver que ambos se salían de mi hija y se levantaron, a Cielo Riveros la dejaron en la cama; el líder le reclamó algo al que había soltado el semen en la cara de mi hija y al parecer de su jefe también.
El líder se salió enojado de la habitación, entonces, el que se había estado cogiendo a Cielo Riveros por la vagina se acostó en la cama y con ayuda de otro de ellos la obligaron a montarse en la verga del tipo, de frente hacia él; de nuevo se la clavó sin contemplaciones y le dijo: “¡muévete puta, hazme gozar!” y la obligaron a brincar clavada en su miembro. Los demás no esperaron más, otro de ellos se subió a la cama e hizo que Cielo Riveros le chupara la verga; otro más se colocó detrás de ella y de un empujón le clavó toda la verga en el culo. Solo escuché su quejido ahogado por la gran polla que se comía: “¡Mmmmmnnnngggfffff!”. Luego los tres tipos empezaron a moverse adentro y afuera de ella.
El tipo que estaba detrás de mí me tomó del cabello y me hizo levantar la cara; me dijo: “¿Te gusta cómo nos estamos cogiendo a tu putita cabrón? ¡Y espérate a lo que falta, ya verás como la vamos a gozar y cómo te la vamos a dejar, pinche chismoso!”.
Tuve que ver como los tres tipos violaban a mi hija salvajemente; por más intentos que ella hacía por soltarse, no pudo hacer nada, ellos la tenían totalmente sometida.
El que la cogía por el culo le daba nalgadas, el que estaba debajo le pellizcaba las tetas y el que la obligaba a chupárselo la tenía agarrada del cabello con fuerza, tal parecía que no se conformaban con violarla, querían lastimarla, humillarla lo más que pudieran.
Unos momentos después llegó el líder, se quedó viendo lo que le hacían a mi hija, luego volteó a verme con cara burlona y le dijo a uno de sus compañeros que venía con él: “muéstrale a este pendejo los juguetitos que encontraste en la recámara de su princesita”; entonces el otro tipo sacó de una maletita un dildo, pero no era un dildo cualquiera, era un dildo gigante, de grandes proporciones, tanto de ancho como de largo; yo jamás había visto un consolador ni un pene tan grande. Los tipos se dieron cuenta de mi asombro y se burlaron de mí: “¡Imagínate guey, cuando tu princesita se mete esto en la noche, como la goza mientras tu duermes en el cuarto de al lado!”.
Siguió sacando cosas de la maletita: unas esposas forradas con peluche rosa, un dildo doble, que tenía para insertarse en el ano y en la vagina, un pene de plástico, unas bolas de las que se insertan en el ano, una gran variedad de envases de lubricante, cajas con condones y no recuerdo que otras cosas, pero eran varias. El líder me dijo: “¿Con quién crees que usaba esto tu niñita cuando te ibas a trabajar imbécil? ¿conoces a su noviecito o algo así? ¡jajajaja, eres un idiota!”.
Sus palabras calaron hondo en mí, pero me dolió más el saber que mi pequeña, mi princesa, mi dulce niñita que yo adoraba ya era una mujer que al parecer tenía muchas necesidades sexuales, porque pensé que si usaba las esposas, lógicamente alguien tenía que ayudarle. Cada vez estaba más desecho, no solo estaba había sido obligado a violar a mi hija, también me estaban obligando a ver como la violaban, tuve que ver la realidad de que Cielo Riveros no era una santa como me lo hacía creer y además tenía que aguantarme las burlas del desgraciado del Cholo y sus secuaces.
Pensé en lo que nos deparaba el destino: supuse que después de violar a mi hija en repetidas ocasiones nos matarían para que no hiciéramos nada en su contra, por otro lado, también pensé que tal vez no lo harían para poder burlarse de nosotros cuando quisieran y hacernos vivir en el pánico absoluto; de cualquier manera el futuro era negro para mi hija y para mí.
El tipo que se cogía a Cielo Riveros por el culo terminó viniéndose dentro de ella y sacó su verga chorreante, entonces el Cholo se acercó a ella blandiendo el dildo gigante y le dijo: “a ver puta, vamos a darte lo que te gusta” y sin más ni más le metió el gigantesco aparato en el ano; ella se quejó, pero de nuevo la verga que tenía en la boca apagaron sus quejidos.
El líder empujó el dildo hasta el fondo y dijo: “¡Ya lo ves puta, tienes el culo gigante y ahora vendrá lo mejor!”. Diciendo esto, se encaramó en la cama y, sin sacar el grueso consolador del culo de mi hija, intentó meter su verga ahí mismo, al principio fue difícil y escuché los quejidos de Cielo Riveros: “¡Mmmmnnngggghhh!”, pero poco a poco el Cholo fue logrando su objetivo y al final metió su dura y larga verga en el culo de mi hija con todo y el dildo adentro y comenzó a moverse adentro y afuera de ella; le ordenó a uno de sus secuaces que moviera el consolador y este lo hizo, por lo que tuve que ver como entraban en ella dos vergas: una por la vagina y otra por el culo y un dildo también; la verga que ella mamaba no la podía ver, pero si al tipo que la tenía del cabello y que la obligaba a hacerlo.
Luego, el tipo que le estaba metiendo al consolador a Cielo Riveros lo sacó y subiéndose también a la cama, hizo el intento de meterle la verga en el culo también, pero él y el Cholo se estorbaban; tuvieron la suerte de que tanto el tipejo que se la cogía por la vagina como el que la obligaba a chupárselo terminaron en ese momento; ninguno de los dos de salió, se vinieron adentro de ella obligándola a tragarse todo el semen del desgraciado ese.
Los tres se salieron de Cielo Riveros y entonces el líder se acostó boca arriba con las piernas abiertas en la cama y ordenó que hicieran a Cielo Riveros clavarse de culo en él; una vez que este la empaló, sus compinches la hicieron abrir las piernas totalmente, muy separadas una de la otra, entonces, el otro tipejo se hincó entre ellas y clavó su gorda verga también en el culo de Cielo Riveros. Ella abrió muy grande la boca para gritar, pero ya otro infeliz estaba sobre la cama, en cuclillas frente a ella y antes de que emitiera cualquier sonido, le metió su duro miembro en la boca hasta la garganta, haciendo que casi se ahogara.
Durante varios minutos, los tres hombres se cogieron a Cielo Riveros en esa posición, hasta que el que la violaba por la boca se vino, sacando su miembro y llenándole de semen la cara y los pechos. Entonces Cielo Riveros suplicó llorando: “¡Ya no, ya no por favor, ya basta, se los suplico, ya déjenme, ya no más, por piedad!”, pero eso no conmovió a las bestias, por el contrario, el líder le dijo: “Apenas estamos empezando puta, deja de quejarte que no servirá de nada, mejor flojita y cooperando para que tu papito vea lo puta que eres”. Ella volteó hacia mí y me dijo: “¡Papi, por favor, ayúdame, diles que me suelten, dales dinero o lo que quieran pero ya que me dejen por piedad, no puedo más papá, haz algo!”… Me partió el corazón ver a mi pequeña suplicándome de esa manera, pero yo no podía hacer nada, estaba atado y amordazado fuertemente, de tal manera que no podía ni siquiera moverme; agaché la cabeza vencido, pero el tipo que seguía junto a mí me tomó del cabello y me hizo levantar la cara. “¡No puedes dejar de ver, pendejo!” me dijo y me obligó a seguir viendo lo que le hacían a mi hija.
