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Fue Obligado a violar a mi hija Cielo Riveros X delincuentes
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Racconto82 min di lettura

Fue Obligado a violar a mi hija Cielo Riveros X delincuentes

Cielo Riveros cayó casi encima de mí; entonces el tipo me dijo: “¿A poco tú no te has cogido a esta puta? No lo creo, ¿A poco no se te antoja? Ahorita vas a ver lo que sabe hacer la piruja esta y se te concederá tu deseo de cogerte a tu propia hija jajajaja”.

 

Los dos tipos siguieron cogiéndose a mi hija sin importarles sus gritos de dolor, su llanto ni nuestro sufrimiento; al contrario, gozaban humillándonos.

 

Al estar libre la vagina de Cielo Riveros, uno de los tipos se acercó y le metió el dildo gigante, lo encendió y este empezó a vibrar, entonces el tipo empezó a meterlo y sacarlo de ella, mientras otro le metió en la boca el pene de plástico y le dijo: “¡Traga puta, lo que te gusta!”

 

El líder desde donde estaba le soltó las manos a mi pequeña y le ordenó que masturbara a los tipos que le metían los juguetes en la vagina y la boca; en un principio ella trató de resistirse, pero un par de cachetadas y unos pellizcos en los senos la hicieron obedecer.

 

Ahí estaba mi pobre hija, siendo cogida por dos tipos por el culo, con un dildo en la boca y otro en la vagina y siendo obligada a masturbar a dos infelices al mismo tiempo. Nunca en mi vida me hubiera imaginado tener que presenciar todo eso, quería morirme; sentía que la cabeza me iba a estallar.

 

Tuve que ver como el líder se venía dentro de mi hija y el otro tipo que la violaba por el culo se salía para tirar todo su semen sobre el vientre de ella; también los tipos que ella masturbaba soltaron grandes chorros de semen sobre mi hija, dejándola toda llena del viscoso líquido. Pude ver como ella hacía cara de asco; pero el dildo que tenía en la boca no le permitía hacer nada.

 

Solamente unos segundos la dejaron sobre la cama, pues casi de inmediato el líder la jaló del cabello, bajándola al piso; le sacó el consolador que tenía en la boca y le ordenó: “¡Anda puta, chupa la verga que estuvo en tu culo, hasta que me la dejes reluciente!” Cielo Riveros ya no opuso resistencia, pude notar que comenzaba a rendirse; ella sabía que el resistirse solo le traería más castigo y de cualquier manera tendría que obedecer; así que tomó la verga del tipejo con una mano, abrió la boca y la introdujo en ella. El Cholo cerró los ojos y colocó los brazos detrás de la cabeza. Gimió: “¡aaaahhhh que rico la chupas puta, sabía que eras una gran mamadora!” Tres tipos más se acercaron a ellos y dos la obligaron a tomar sus vergas con las manos y la hicieron que los masturbara; el tercero tomó el dildo gigante que se había caído al piso, lo prendió y lo metió en el culo de ella hasta el fondo; Cielo Riveros respingó, pero no hizo nada más y continuó con la felación y las masturbaciones que realizaba. Luego este último tipo también se paró delante de ella y la obligaron a chupar las dos vergas al mismo tiempo; después le ordenaron que intercambiara y se las mamara a los que estaba masturbando y viceversa, que masturbara a los otros dos; mientras, otro se las arregló para tirarse en el piso y meterse debajo de ella y así la pudo penetrar por la vagina, la tomó de las caderas y la obligó a moverse. Así la tuvieron trabajando un buen rato mientras uno a uno empezaron a venirse soltando todos su semen en su cabello, cara, pechos, espalda y cuello, o adentro de ella; dejándola hecha un asco con tanto líquido.

 

Pero ellos continuaban, en cuanto uno terminaba, otro ocupaba su lugar y Cielo Riveros tenía que seguir mamando, masturbando vergas y siendo cogida por la vagina sin parar. El dildo seguía vibrando en su culo.

 

Parecía que nunca acabarían, ellos seguían violándola y obligándola a satisfacerlos, uno tras otro; gozando con su dolor y sufrimiento y humillándola.

 

Después de un buen rato en que todos tuvieron su turno (o dos turnos), uno a uno iban quedando con la verga flácida y empezaron a sentarse o tumbarse en cualquier parte de la recámara. Solo uno, el  más grande y fuerte de todos, un tipo muy alto, calvo y de barba estaba debajo de mi hija cuando ya todos habían terminado; la movía y le decía: “¡anda puta, muévete que bien que te gusta!” Cielo Riveros se movía más por el miedo y obligación que porque quisiera hacerlo, pero suplicaba: “¡ya por favor, ya déjame, me arde y me duele todo, por favor, te lo suplico!”; pero sus súplicas eran opacadas por las porras que los demás desgraciados le echaban a su amigo: “¡Acábatela Chango, dale, dale, dale, métesela toda, pártela en dos!”

 

Desde donde yo estaba se veía perfectamente al Chango tirado debajo de mi hija, entrando y saliendo de ella; la tenía tomada de las caderas y la obligaba a subir y bajar y, aunque ella intentaba meter las manos, no podía. El hermoso y mancillado cuerpo de Cielo Riveros se veía a la perfección; sus curvas, sus piernas bien formadas y sus pechos bamboleantes hicieron que me pasara algo que intenté evitar a toda costa, pero no pude: tuve una erección. Afortunadamente los tipejos estaban demasiado distraídos para darse cuenta.

 

El Chango se levantó, sin salirse de Cielo Riveros y llevándosela junto con él; la puso contra la pared y empezó a cogérsela así, parado; Cielo Riveros seguía diciendo: “Ya no por favor”, pero el tipo no se detenía, solo le tapó la boca con una gran manaza. Se la estuvo cogiendo un buen rato de esa manera; de repente, hizo un rápido movimiento que dejó a Cielo Riveros hincada en el piso, de espaldas a él, entonces la hizo empinarse de tal manera que su culo quedó a merced del monstruo ese y esa era su intención, porque de inmediato atacó el culo de mi pobre hija, haciéndola chillar de dolor: “¡¡¡AAAAAAAAAAYYYYYYYGGGGGHHHHHH!”. El Cholo comentó: “Tápenle el hocico a esa pinche puta o alguien la va a oír”. De inmediato dos de los delincuentes se apresuraron a amordazarla; uno le metió un trapo en la boca y el otro lo aseguró con cinta, dándole varias vueltas alrededor de la cabeza de ella.

 

Cielo Riveros estaba empinada en el suelo, con las manos en el piso y con el Chango cogiéndosela por el culo, ella se seguía quejando, pero sus gritos ya no se escuchaban, solo se oían lamentos callados por la mordaza que le pusieron: “¡MMMMMNNNGGGHHH!”. Ella intentó golpear al Chango con una mano o con la otra, sin lograrlo. El Chango, mientras seguía cogiéndose a Cielo Riveros la tomó de las manos y se las sostuvo en la espalda con una sola de sus grandes manos; luego le dijo al Cholo: “Tenías razón, está muy buenota y el culo le va a quedar súper aguado jajaja”; “te lo dije” respondió el Cholo riéndose.

 

Fue un buen rato el que el Chango se estuvo cogiendo a Cielo Riveros por el culo, después la tomó por la cintura y la arrojó con fuerza sobre la cama, quedando ella boca arriba. El Chango se subió sobre su vientre con las piernas abiertas alrededor de Cielo Riveros y dijo: “pásenme las esposas”; se las dieron y entonces él pasó la cadena de las mismas por uno de los tubos de adorno que tiene la cabecera de mi cama; posteriormente le colocó a mi hija cada una de las esposas en sus muñecas. Solo se escuchaban las quejas ahogadas de mi hija: “¡MMMMMGGGGHHHH; MMMMNNN!”

 

La verga del Chango había quedado en el pecho de Cielo Riveros, entonces él tomó sus tetas con sus grandes manos, las juntó dejando su verga en medio y empezó a masturbarse con ellas; la verga del monstruo ese se asomaba por en medio de los pechos de mi hija, legando hasta su barbilla.

 

Otro de los tipejos estos se colocó en medio de las piernas de ella y la penetró por la vagina, haciendo que ella se nuevo se quejara: “¡GGGGGHHHBBBB!”; el tipo no duró mucho, unos minutos después se vino dentro de ella; cuando se bajaba de la cama, volteó a verme, supongo que para burlarse de mí, pero vio mi erección y dijo: “¡Miren, este cabrón está excitado!”. Y era verdad, por más que yo había intentado pensar en otra cosa para que se me bajara la verga, no pude lograrlo.

 

Todas las miradas se desviaron hacia mí, incluso el Chango volteó a verme y Cielo Riveros levantó un poco la cabeza y precisamente en ese momento el Chango se vino, soltando toda su leche en la cara y los senos de ella. De inmediato el Cholo reaccionó y me dijo: “¡ándale cabrón, con que te sigue gustando lo que le hacemos a tu hijita!, si bien que te la coges cada que viene, ¿verdad pendejo?, no te hagas guey” Yo moví la cabeza negativamente, pero a ellos no les importó, ya el Cholo había maquinado algo en su cochina mente.

 

“¡Ayúdenme a levantar a este guey!” ordenó a sus secuaces; varios de ellos se acercaron a mí y empezaron a desatarme, yo intenté detenerlos, pero nada pude hacer; me hicieron levantarme y luego entre todos me llevaron a la cama y me hicieron colocarme entre las piernas abiertas de Cielo Riveros y el Cholo me ordenó: “¡Métesela cabrón!”. Yo intenté empujarlos y bajarme de la cama al mismo tiempo que negaba con la cabeza, pero ellos me obligaron a quedarme ahí y entonces el Cholo me dijo: “¡mira cabrón, o te la coges en este momento o le cortamos los pezones y el clítoris a la puta de tu hijita y luego hacemos que el Chango te coja a ti!”.

 

Bajo esa amenaza no me quedó más que obedecer; no me hubiera importado lo que el Chango me hiciera si eso hubiera salvado a mi pequeña de seguir sufriendo, pero lo que si me dio miedo fue la amenaza de mutilarla a ella y por ello lo hice; empecé a penetrarla despacio sin ver su cara, poco a poco mi larga verga entró de nuevo en la vagina de mi hija mientras ella gemía de dolor: “¡MMMNNN!”; tuve que voltear a verla para pedirle perdón con la mirada… No lo hubiera hecho; jamás olvidaré los ojos de reproche que ella tenía hacia mí y como las lágrimas escurrían por sus mejillas; por ello mejor cerré los ojos cuando el Cholo me ordenó que me moviera. Empecé a hacerlo, entrando y saliendo despacio de Cielo Riveros, tratando de no lastimarla más; en eso, sentí como me quitaban la mordaza y otra vez me ordenaron: “¡Chúpale las tetas!”. De nuevo tuve que obedecer, acerqué mi boca a sus pechos y empecé a lamer sus pezones; sabían a semen; sentí mucho asco, pero no me atreví a detenerme; ellos me ordenaban que me siguiera moviendo y yo tenía que seguir penetrando a mi propia hija que estaba indefensa y esposada a la cama; también a ella le quitaron la mordaza y entonces nos ordenaron: “¡bésense!”. Tanto Cielo Riveros como yo nos detuvimos y ambos abrimos muy grandes los ojos y volteamos a ver al Cholo; ella dijo: “no, por favor”; yo solo dije: “pe…ro”.

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