Pero ellos continuaban, en cuanto uno terminaba, otro ocupaba su lugar y Cielo Riveros tenía que seguir mamando, masturbando vergas y siendo cogida por la vagina sin parar. El dildo seguía vibrando en su culo.
Parecía que nunca acabarían, ellos seguían violándola y obligándola a satisfacerlos, uno tras otro; gozando con su dolor y sufrimiento y humillándola.
Después de un buen rato en que todos tuvieron su turno (o dos turnos), uno a uno iban quedando con la verga flácida y empezaron a sentarse o tumbarse en cualquier parte de la recámara. Solo uno, el más grande y fuerte de todos, un tipo muy alto, calvo y de barba estaba debajo de mi hija cuando ya todos habían terminado; la movía y le decía: “¡anda puta, muévete que bien que te gusta!” Cielo Riveros se movía más por el miedo y obligación que porque quisiera hacerlo, pero suplicaba: “¡ya por favor, ya déjame, me arde y me duele todo, por favor, te lo suplico!”; pero sus súplicas eran opacadas por las porras que los demás desgraciados le echaban a su amigo: “¡Acábatela Chango, dale, dale, dale, métesela toda, pártela en dos!”
Desde donde yo estaba se veía perfectamente al Chango tirado debajo de mi hija, entrando y saliendo de ella; la tenía tomada de las caderas y la obligaba a subir y bajar y, aunque ella intentaba meter las manos, no podía. El hermoso y mancillado cuerpo de Cielo Riveros se veía a la perfección; sus curvas, sus piernas bien formadas y sus pechos bamboleantes hicieron que me pasara algo que intenté evitar a toda costa, pero no pude: tuve una erección. Afortunadamente los tipejos estaban demasiado distraídos para darse cuenta.
El Chango se levantó, sin salirse de Cielo Riveros y llevándosela junto con él; la puso contra la pared y empezó a cogérsela así, parado; Cielo Riveros seguía diciendo: “Ya no por favor”, pero el tipo no se detenía, solo le tapó la boca con una gran manaza. Se la estuvo cogiendo un buen rato de esa manera; de repente, hizo un rápido movimiento que dejó a Cielo Riveros hincada en el piso, de espaldas a él, entonces la hizo empinarse de tal manera que su culo quedó a merced del monstruo ese y esa era su intención, porque de inmediato atacó el culo de mi pobre hija, haciéndola chillar de dolor: “¡¡¡AAAAAAAAAAYYYYYYYGGGGGHHHHHH!”. El Cholo comentó: “Tápenle el hocico a esa pinche puta o alguien la va a oír”. De inmediato dos de los delincuentes se apresuraron a amordazarla; uno le metió un trapo en la boca y el otro lo aseguró con cinta, dándole varias vueltas alrededor de la cabeza de ella.
Cielo Riveros estaba empinada en el suelo, con las manos en el piso y con el Chango cogiéndosela por el culo, ella se seguía quejando, pero sus gritos ya no se escuchaban, solo se oían lamentos callados por la mordaza que le pusieron: “¡MMMMMNNNGGGHHH!”. Ella intentó golpear al Chango con una mano o con la otra, sin lograrlo. El Chango, mientras seguía cogiéndose a Cielo Riveros la tomó de las manos y se las sostuvo en la espalda con una sola de sus grandes manos; luego le dijo al Cholo: “Tenías razón, está muy buenota y el culo le va a quedar súper aguado jajaja”; “te lo dije” respondió el Cholo riéndose.
Fue un buen rato el que el Chango se estuvo cogiendo a Cielo Riveros por el culo, después la tomó por la cintura y la arrojó con fuerza sobre la cama, quedando ella boca arriba. El Chango se subió sobre su vientre con las piernas abiertas alrededor de Cielo Riveros y dijo: “pásenme las esposas”; se las dieron y entonces él pasó la cadena de las mismas por uno de los tubos de adorno que tiene la cabecera de mi cama; posteriormente le colocó a mi hija cada una de las esposas en sus muñecas. Solo se escuchaban las quejas ahogadas de mi hija: “¡MMMMMGGGGHHHH; MMMMNNN!”
La verga del Chango había quedado en el pecho de Cielo Riveros, entonces él tomó sus tetas con sus grandes manos, las juntó dejando su verga en medio y empezó a masturbarse con ellas; la verga del monstruo ese se asomaba por en medio de los pechos de mi hija, legando hasta su barbilla.
Otro de los tipejos estos se colocó en medio de las piernas de ella y la penetró por la vagina, haciendo que ella se nuevo se quejara: “¡GGGGGHHHBBBB!”; el tipo no duró mucho, unos minutos después se vino dentro de ella; cuando se bajaba de la cama, volteó a verme, supongo que para burlarse de mí, pero vio mi erección y dijo: “¡Miren, este cabrón está excitado!”. Y era verdad, por más que yo había intentado pensar en otra cosa para que se me bajara la verga, no pude lograrlo.
Todas las miradas se desviaron hacia mí, incluso el Chango volteó a verme y Cielo Riveros levantó un poco la cabeza y precisamente en ese momento el Chango se vino, soltando toda su leche en la cara y los senos de ella. De inmediato el Cholo reaccionó y me dijo: “¡ándale cabrón, con que te sigue gustando lo que le hacemos a tu hijita!, si bien que te la coges cada que viene, ¿verdad pendejo?, no te hagas guey” Yo moví la cabeza negativamente, pero a ellos no les importó, ya el Cholo había maquinado algo en su cochina mente.
“¡Ayúdenme a levantar a este guey!” ordenó a sus secuaces; varios de ellos se acercaron a mí y empezaron a desatarme, yo intenté detenerlos, pero nada pude hacer; me hicieron levantarme y luego entre todos me llevaron a la cama y me hicieron colocarme entre las piernas abiertas de Cielo Riveros y el Cholo me ordenó: “¡Métesela cabrón!”. Yo intenté empujarlos y bajarme de la cama al mismo tiempo que negaba con la cabeza, pero ellos me obligaron a quedarme ahí y entonces el Cholo me dijo: “¡mira cabrón, o te la coges en este momento o le cortamos los pezones y el clítoris a la puta de tu hijita y luego hacemos que el Chango te coja a ti!”.
Bajo esa amenaza no me quedó más que obedecer; no me hubiera importado lo que el Chango me hiciera si eso hubiera salvado a mi pequeña de seguir sufriendo, pero lo que si me dio miedo fue la amenaza de mutilarla a ella y por ello lo hice; empecé a penetrarla despacio sin ver su cara, poco a poco mi larga verga entró de nuevo en la vagina de mi hija mientras ella gemía de dolor: “¡MMMNNN!”; tuve que voltear a verla para pedirle perdón con la mirada… No lo hubiera hecho; jamás olvidaré los ojos de reproche que ella tenía hacia mí y como las lágrimas escurrían por sus mejillas; por ello mejor cerré los ojos cuando el Cholo me ordenó que me moviera. Empecé a hacerlo, entrando y saliendo despacio de Cielo Riveros, tratando de no lastimarla más; en eso, sentí como me quitaban la mordaza y otra vez me ordenaron: “¡Chúpale las tetas!”. De nuevo tuve que obedecer, acerqué mi boca a sus pechos y empecé a lamer sus pezones; sabían a semen; sentí mucho asco, pero no me atreví a detenerme; ellos me ordenaban que me siguiera moviendo y yo tenía que seguir penetrando a mi propia hija que estaba indefensa y esposada a la cama; también a ella le quitaron la mordaza y entonces nos ordenaron: “¡bésense!”. Tanto Cielo Riveros como yo nos detuvimos y ambos abrimos muy grandes los ojos y volteamos a ver al Cholo; ella dijo: “no, por favor”; yo solo dije: “pe…ro”.
El Cholo no se andaba con juegos; nos ordenó de nuevo: “¡bésense en la puta boca o…!” No esperé a que terminara; sorprendí a Cielo Riveros con un beso en la boca; mis brazos quedaron alrededor de los suyos, debajo de sus axilas; mi cuerpo estaba sobre el de ella, por lo que sentía sus pezones erectos tocando mi pecho y seguí moviéndome adentro y afuera de ella. Metí mi lengua en su boca y le di un profundo beso; no sé qué me pasó, olvidé que era mi hija al sentir aquellos labios suaves y tersos besando los míos.
Solo reaccioné cuando escuché a los malditos desgraciados burlarse y decir: “Mira este cabrón, bien que le gusta cogerse a su pinche hija puta”; separé mis labios de los de Cielo Riveros y en ese preciso instante me vine dentro de ella, no tuve tiempo de salirme.
Me levanté con un sentimiento de culpa tremendo, pero los malditos no me dejaron ni siquiera lamentarme, de inmediato el Cholo me dio la orden: “¡con la lengua quiero que limpies todo el cuerpo de tu hijita cabrón!” A esas alturas yo ya no me negaba a nada, porque sabía que cualquier intento de negación sería de graves consecuencias para Cielo Riveros. Entonces, empecé a lamer todo el cuerpo de mi hija mientras ellos me fotografiaban y grababan en video, pues nunca dejaron de hacerlo. Pude sentir como la piel de mi hija se estremecía al contacto con mi lengua; yo sentía asco, pues todo su cuerpo sabía a semen y sudor de los desgraciados tipos; ella se mordía los labios y lloraba.
Yo había empezado por los tobillos y fui subiendo por las piernas y los muslos de ella; cuando llegué a su entrepierna, el Cholo me ordenó: “¡métele la lengua en la rajada!”, no me quedó más que obedecer; metí mi lengua en la vagina de mi hija y comencé a moverla, esperando que ella sintiera un poco de placer después de toda la humillación y dolor de que fue objeto.
