- ¿Coño o culo, chaval?
Y poco después notaba como el chico llenaba su coño de carne dura y se venía llenándola con una densa y contundente corrida mientras gemía de placer sobre ella lamiendo y chupando sus tetas, empapando de babas sus pezones, jadeando como si fuera su primera vez.
Aquel día donde su nieta pequeña se haría ya toda una mujer, acompañada de su marido, cruzó la puerta de la casa de su hija tras descalzarse en el rellano dejando sus tacones Manolo Blahnik junto al resto del calzado femino y sonrió al entrar y ver a su hija desnuda junto a Mikaela lamerse una a otra el coño y el ano tiradas en el suelo entre la cocina y el recibidor con un palo de escoba junto a ambas.
- ¿Disfrutando sin mí, niñas malas?
Y sonriendo, y notando a Alberto sonreír también junto a ella, metió su pie dentro del coño de Ana, que estaba arriba y escuchó a su hija gemir mientras Mikaela lamía la parte del pie que estaba fuera.
- Voy a servirme una cerveza. Os dejo solas.
Y sonriendo, Lorena, jugó con su pie en el coño de su hija hasta que el chillido de placer de esta y notar la punta del pie empapada la hizo saber que se había corrido como dios manda.
Cielo Riveros y Katherine Riveros andaban despacio, juntas, en silencio. La pequeña de los Riveros con la cabeza gacha, casi arrastraba sus mocasines por el suelo de Madrid, como queriendo retrasar todo lo posible el llegar a casa. Katherine Riveros, comprendiendo a a su hermana, sintiendo lástima, pues ella misma pasó por lo mismo hace un año y sabe lo que se siente, la detuvo y la abrazó, y Cielo Riveros empezó a llorar.
- No quiero …no quiero…. ¿Por qué? ¿Y si voy a la policía?
- Cariño. - susurró Katherine Riveros - No lo hagas. Sería peor. No te iban a creer, todos lo negariamos. Todos.
Cielo Riveros miró a su hermana aterrada.
- ¿Tú también? ¿acaso disfrutas de esto?
Katherine Riveros cogió aire. ¿Disfrutaba? No siempre, al principio lo aborrecía, ver a su padre sobre ella, follandola, lamiendo su cara, sus tetas, empujando duro y haciéndole un daño terrible, Con el tiempo dejó de doler, de molestar, de escocer… solo en ciertas ocasiones, dependiendo de quien, de cómo, de cuan duro fuera, aborrecía lo que le ocurría, pero las otras, como con el rector, o con lso chicos de la universidad, disfrutaba. No era como Nati, que era una zorra que gozaba hasta con las azotainas salvajes que a veces les daba Belén, pero sí, gozaba, disfrutaba.
- Si, yo tampoco te apoya, y si, disfruto.
Las dos hermanas se miraron, Katherine Riveros secó las lágrimas de Cielo Riveros y la besó en la frente.
- Cuanto antes pase, será mejor, hoy y este mes. Lo peor, créeme, será después, cuando empiecen a venir desconocidos o conocidos que no te pensarías jamás así que, procura hacer algo para empezar a gozar, deja evadir tu mente, busca algo en lo que pensar mientras te follan, y dejate llevar. Con el tiempo, gozaras, como yo.
- Como Nati. - dijo sollozando y secándose las lágrimas con la manga.
- Si, puede que llegues a ser como ella.
Sin saber porque, Cielo Riveros sonrió a Katherine Riveros, la abrazó y la besó en los labios rápidamente tras asegurarse que no les veían.
- ¿Vendrás a verme cuando acaben conmigo?
Aquello había sonado cruel.
- Si aun no estoy con un cliente, si. Y Nati también. Te calmaremos y consolaremos, ya verás, y haremos que olvides todo lo más rápido posible.
Asintiendo, Cielo Riveros, se separó de su hermana.
- Vamos. - dijo con un hilo de voz.
Y continuaron su camino a casa.
El despacho estaba cerrado por dentro, Fernando siempre lo cerraba y más aun cuando alguna de las Riveros había entrado con él, y hoy estaba más acompañado aun.
Tumbado en el suelo desnudo, conas las piernas abiertas y con Natalia sobre él con el coño lleno de su polla, notaba los acompasados movimientos de la chica mientras de rodillas, tras la joven, ensartando con su polla su culo, Claudio provocaba esos movimientos en el cuerpo de la mayor de los Riveros que chupaba la polla de Antonio, que estaba de pie con las piernas abiertas y el cuerpo de Fernando entre ellas.
Los tres hombres gemían y sonreían, mientras Natalia jugaba con su dedo en su clirtoris a la vez que sus antiguos profesores se turnaban en pellizcar y sobar sus tetas y pezones dejándolos irritados y enrojecidos pero sin que la chica soltara un solo quejido.
Nada más llegar al despacho, a solas, y antes de desnudarse y de que dejara entrar a los otros dos profesores, Fernando había limpiado los pies de Natalia lamiendolos mientras ella, ya desnuda se masturbaba.
Ambos habían hecho lo mismo en ese despacho incontables veces, Los pies de Natalia eran lamidos casi a diario por su director. Limpios, sucios, con medias, sin ellas… Y son decenas los pares de medias rojas de uniforme escolar que tiene el director guarradas con manchas de sus babas y de sus corridas o las de Natalia.
El día de su graduación, realizada con pompa y efecto en el salón de actos del colegio, en pla americanada total, con ribete, toga y todo, Natalia acudió descalza al colegio y estuvo así toda la ceremonia, siendo observada por todos, pues había dejado la toga hasta la altura de los tobillos para que vieran sus pies blancos y desnudos con cada uña pintada de un color.
Al acabar, después de que Fernando le lamiera los pies en su despacho, la recién graduada fue follada por varios profesores y varios alumnos en el mismo despacho del director para despedirse por todo lo alto de su colegio, haciendo buen uso de los condones que se ponían los que no querían pagar por hacerlo sin él, bebiéndose el contenido de muchos y llenando su coño con el contenido de otros entre risas y excitación de los que miraban el espectáculo en cada momento que no eran otros que su padre, su abuelo, que también participaron, por supuesto, y Fernando, que cada tres polvos de la chica, lamia sus pies de nuevo.
Aquel día, Natalia fue follada veintisiete veces. Veinte por el coño y siete por el culo, además de lamwer después cada polla que pasó por sus agujeros. Cuando salió del colegio, ya de noche, chorreaba semen y notaba su cuerpo tan pringoso que fue la única vez que sintió algo cercano al asco.
Tras un mes de dudas, en cuanto le vino la regla de nuevo y se confirmó que no estaba preñada, las pildoras del dia despues eran el pan nuestro de cada día en la familia, así como las anticonceptivas, Natalia disfrutó de su primer verano de puta por todo lo alto, ganando más dinero por su cuenta que con la agenda de papá, y convirtiendose en la zorra numero uno.
Sin duda, la mayor de las Riveros era una puta ninfómana, y todo el que la probaba, se aprovechaba de ello, como hacían en ese momento sus tres viejos profesores que jadeaban y gemían mientras Natalia, sonriendo para si, con el cuerpo lleno de pollas, gemía excitada notando sus tetas arder de dolor y palcer y su oño honcharse de gozo mientras masajeaba su clítoris tan hinchado que estaba a punto de estallar.
Tras diez minutos, fue notando como uno a uno sus profesores se venían dentro de ella, saboreando el momento sin dejar que ninguno abandonara su cuerpo hasta saberse llena por los tres lados. Por fin, sacándose la polla que llenaba su boca, relamiéndose, sonriendo satisfecha y excitada, guió un ojo a Fernando que le miraba desde abajo.
- Y ahora, si quiere, nos quedamos a solas usted, y yo, para que me vuelva a lamer los pies.
>> Pero antes ya saben… Las tarifas siguen siendo las mismas.
Y se levantó dejando salir las pollas de dentro de ella soltando un gemido de placer.
Mikaela terminaba de preparar el cocido con el culo aún escocido por el palo de la fregona pero el placer latente en su cerebro y su coño. Tras ella, en la misma cocina, donde había una mesa para comer, Ana, desnuda y sonriendo feliz por haber hecho lo que había hecho con Mikaela, notando aun las lamidas de la chica en su coño y culo y el coño aun abierto tras sentir el pie de su madre dentro, terminaba de poner la mesa mientras sus padres, sentados a la mesa, bebían uno cerveza y otra vino. Lorena, que salvo las medias, que seguía teniendolas puestas, se había desnudado también, admiraba el cuerpo de su hija y su hijastra notando aún su pie empapado del placer de su hija y las babas de Mikaela.
- Anda… a mi prepararme un filete a la plancha después de la sopa. - dijo Ana tras sorber un poco de su copa de vino. - Este cuerpo no se mantiene a base de cocidos.
A sus 65 años, Lorena seguía siendo una mujer de espectacular figura y enorme belleza. Fácilmente podía pasar por alguien diez o quince años más joven, y le gustaba jactarse de ello, y a Alberto presumir de ella, por eso, y gracias a seguir con unos pechos firmes, podía seguir luciendolos sin sujetador y presumir de pezones duros a través de la tela de la seda de las camisas que solía llevar, o cómo había llegado hoy, de un ajustado jersey de cuello alto que marcaba su figura estilizada por el gimnasio y la dieta.
