Junto a él, Victor, que de buena gana hubiera hecho algo con Ana, pero que tras su encuentro de primera hora se veía incapaz, también se relamió.
- ¿Cuándo podré catar a Cielo Riveros? - dijo sin rodeos el socio de Alberto.
Sonriendo, el abogado miró a su socio mientras servía dos copas de vino tras ir a un mueble bar del fondo del despacho.
- No eres nuevo en esto Vic, ya sabes, un mes con la familia para acostumbrarla y amoldar agujeros y luego ya, vía libre, pides cita y…
- Ya, ya, ya… pero es que, de tus tres nietas, es la que más me ha gustado siempre. Ya siendo una chiquilla de quince me hacía pajas pensando en ella, o cuando follaba a Ana le ponía su cara.
Alberto sonrió. Victor era un pervertido de primera.
- Te propongo una cosa. En cuanto se abra la agenda, seras el primero, antes que ninguno, aquí, en las oficinas, la mañana en la que empiece a ser usada, la pasará aquí contigo para que hagas lo que desees pagando la cuota correspondiente.
- ¿Y si es entre semana? - dijo excitado y notando como la polla se le ponía dura - ¿Qué pasa con el colegio?
- Hoy es 26, será el 27 de abril. - Sacando un calendario, comprobaron que era lunes.
- Lunes. - dijo Victor con fastidio.
- Dejame eso, yo hablo con Joaquin. ¿Quién no ha hecho pellas con dieciocho?
>> Es más, como es día de cole… - dijo lascivo Alberto - ¿Qué te parece si viene con el uniforme?
Victor se relamió, notando su polla crecer.
- Siiii… seria precioso.
Y mirando como se abultaba el pantalón de su socio, Alberto sonrió y cogió el teléfono de su mesa llamando a recepción.
- Ana, cariño… ven por aqui, Victor te necesita.
Y los dos socios sonrieron.
A la una y media de la tarde, notando aún su pie pringoso dentro del calcetín que había usado para mamarle la boca al rector, Katherine Riveros esperaba a Natalia en la boca del metro cercana al colegio donde habían ido antes ellas y a donde iba Cielo Riveros ahora.
Saciada sexualmente, pues había podido follar con dos chicos del campus tras dejar el despacho de Pedro, la chica sonreía pícara pensando en lo que llevaba en la mochila.
A unos metros, vió como su hermana Natalia llegaba, sobresaliendo gracias a los zapatos de tacón que llevaba, la mayor de las Riveros era así más alta que Katherine Riveros. Cuando estuvieron juntas, se besaron en las mejillas, disimular, siempre disimular con gente, les decían en casa, y entraron en la cafetería que había tras ellas a hacer tiempo, pidieron dos cervezas y dos sandwiches y se sentaron en una mesa, al momento, Natalia se descalzó sonriendo y apoyó sus pies sobre los de su hermana, que seguía calzada.
- Bueno. Papá está en una reunión con Hugo, irá directo a casa cuando ya este lista la canija.
Katherine Riveros hizo una leve mueca.
- Pobrecita. Está más asustada de lo que estábamos tu y yo.
Trajeron las bebidas y los sandwiches, Natalia mordió el suyo, bebió de su cerveza y miró a su hermana.
- Tu no sabes como estaba yo. Que ahora vaya buscando la pollas de papá, Hugo o hasta el abuelo como una loca no quiere decir que no lo pasara mal.
- Ya… perdona. - dijo Katherine Riveros - AL principio es terrible, pero con el tiempo…
- Y a ella le pasará igual, seguro que es más puta que yo.
Katherine Riveros sonrió.
- Eso lo dudo.
Las dos se rieron, comieron y bebieron un poco y cuando tuvo la boca vacia, Natalia siguió hablando, tras acabar su sandwich.
- ¿Has estado con tú rector?
Katherine Riveros asintió.
- ¿Y qué tal tu pie, húmedo aún? - dijo Natalia presionando con sus puntas del pie encima de los pies de Katherine Riveros, que sonrió
- Y pringoso - dijo sonriendo Katherine Riveros.- ¿Quieres lamerlo?
Natalia se excitó.
- No me tientes… - y relajó sus pies.
>> ¿Por donde te ha metido hoy su polla con tu calcetín?
- Boca. - dijo su hermana con un deje de decepción.
Natalia chasqueó la lengua tras terminar su cerveza.
- Así que tu coño y tu culo están hambrientos.
Katherine Riveros sonrió.
- No. Me he tirado a dos tíos de cuarto en los lavabos.
Natalia sonrió y miró a su hermana picara.
- No habrás…
Sonriendo a su hermana y guiñandole un ojo, Katherine Riveros abrió su mochila y sacó una bolsita de plástico pequeña, de las que dan en las farmacias para llevar los medicamentos y donde ella había guardado una caja de condones hacía una semana y la agitó. Dentro se podían adivinar los dos dos condones que había usado Katherine Riveros hoy, anudados, y con su contenido aun dentro.
- Todo para ti, hermanita.Para que no digas que no pienso en mi hermana mayor.
Y salivando, relamiendose, Natalia alargó la mano y los cogió.
- Ya te iba a decir de ir al baño para lamerte el pie.
>> Voy al baño con eso, paga y nos vamos a por Cielo Riveros en cuanto salga.
- ¿Los vas a beber?
- Si, ya me han llenado hoy el coño Abel y Hugo, y papá el culo, además, acabo de cambiarme el tampón.
- Eres una jodida viciosa.
Natalia sonrió con los ojos brillantes de deseo.
- Qué quieres que le haga, me encanta el semen. ¿A ti no?
- Prefiero la cerveza. - y sonriendo se acabó su caña y se levantó para pagar mientras con la bolsa en la mano, sonriendo, dejando sus tacones bajo la mesa, siendo observada por los demás clientes del café, Natalia entraba descalza en el lavabo de chicas para tragarse las corridas de los dos tios que se habían follado a su hermana y que aún rezumaba en el interior de los condones.
Al mismo tiempo que Natalia saboreaba el semen de dos chicos de cuarto curso de derecho en el baño de la cafetería, Ana llegaba a su casa y dejaba sus tacones en el descansillo sintiendo el mármol del suelo en sus plantas desnudas. La mujer se había quitado las medias después de que Victor se hubiera corrido en ellas y tras haber lamido de sus pies la corrida del socio de su padre, que como siempre, se quedó con ellas cuando se las quitó.
A la una, había pedido permiso para irse, su padre y Victor, sabiendo que debía ir preparando todo para el gran día de Cielo Riveros, le dieron permiso y la mujer volvió a casa en taxi en lugar de en metro.
Entró en casa y escuchó a Mikaela tararear, como siempre, canciones de Julio Iglesias, el cantante favorito de Alberto. MIrándola desde el quicio de la puerta, Ana sonrió al ver a su medio hermana fregar el suelo fijándose en que los pelos de la fregona rozaban los pies descalzos de la chica en varias ocasiones sin importarle.
Pasándose la lengua por los labios, vió el culo de la chica y como se adivinaban desde atrás los pelos del coño. Mikaela no se volvió a depilar desde el gran día, no quiso, y Alberto, que la daba todos los caprichos, accedió. La verdad, a Ana le gustaba eso, alguna vez que le había comido el coño a la muchacha había gozado con el cosquilleo del pubis de vello rubio en su rostro. Sintiéndose excitada al recordarlo, miró la hora y pensó que tenían tiempo, además, se fijó, y olió, que la comida estaba en marcha en el fuego, ya que de la olla expres salía aroma a cocido.
Excitada, Ana se desnudó dejando su ropa tirada en el suelo y, sin meter ruido, las ventajas de ir siempre descalzas eran clave para estas cosas, se dijo sonriendo Ana, se acercó a Mikaela y antes de que la chica se diera cuenta, Ana metió su mano en su coño desde atrás mientras la lamia la nuca y la susurraba al oido.
- Suelta esa fregona y subamos a mi cuarto si no quieres que te meta el palo por el culo. - sabiendo que esa sensación, que ella y sus dos hijas conocían, le gustaría a la rusa, como la llamaban en casa.
Cerrando los ojos, MIkaela, agarró desde alante la mano de Ana y la metió más adentro de su coño mientras con la otra se desataba el delantal y se lo quitaba, lo que fue aprovechado por Ana para empezar a sobar las tetas de la joven pellizcando los pezones que ya estaban erectos.
- No perdamos tiempo innecesario - gimió Mikaela - Quítate la ropa y follemos aquí.
Y liberándose de las manos de su hermana, se giró, sonriendo excitada al ver que Ana estaba ya desnuda.
- Entonces. - dijo Ana tras besar apasionadamente a su hermana en la boca mientras las manos de ambas se meten en el coño de la otra - ¿Te meto el palo de la fregona por el culo o no?
Sonriendo al separarse, MIkaela pisó el mocho de la fregona notando como chorreaba bajo su pie descalzo y lo desenroscó; a continuación le dió el palo a su hermana y poniéndose en el suelo recién fregado a cuatro patas, se relamió.
- Un extremo cada una y a ver hasta donde nos entra.
Y notando como segregaba placer solo de pensarlo, Ana, sonriendo, se agachó a cuatro patas a espaldas de Mikaela y se metió el palo en el culo despacio mientras su hermana hacía lo mismo con el otro extremo, gimiendo ambas, llegando casi a gritar cuando no entraba más a la vez que con sus manos se masturbaban mientras se movían rítmicamente para sacarse y meterse el palo en el culo presas del placer, gimiendo como perras en celo, mientras la olla empezaba a pitar avisando que el cocido estaba listo.
