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cielo
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Racconto66 min di lettura

cielo

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2 anni fa · 337 letture · 0

Resignada, pues no pudo hoy usar los condones como le gustaba, hizo un nudo a la bolsa de basura y empezó a limpiar la habitación pensando que hoy, aun, su cuerpo no había probado el semen de nadie, pues Alberto se estaba reservando para esa noche llenarle el culo a Cielo Riveros, y eso, le fastidiaba.

Cielo Riveros apenas se concentraba hoy en clase, y eso era algo inusual en ella, incluso su profesor de matemáticas se lo dijo, cuando erró en los ejercicios al salir a la pizarra.

- Lo siento. - murmuró alicaída y con la cabeza gacha. - No he dormido bien.

Y volvió a su pupitre siendo observada por todos, pues era la chica más aplicada e inteligente de la clase, nunca bajaba de un nueve en cualquier asignatura.

La tónica fue igual en el resto de clases, y a la hora del recreo fue llamada al despacho del director. Cielo Riveros, que nunca había estado allí,entró tras llamar a la puerta y dejarla pasar. Dentro, estaban sus tres profesores de la mañana con el director, el de Lengua, el de Matemáticas y el de Química.

- Señorita Riveros … me comentan sus profesores que hoy está inusualmente distraída. - dijo el director tras dejar sentar a la chiquilla entre ellos - ¿Sucede algo?

- Tan solo que he dormido poco. - dijo mirando al suelo, a sus mocasines negros.

El director asintió, mirando en el ordenador la ficha escolar de la niña cuando su rostro se iluminó.

- ¡Vaya!... Creo que ya se lo que le pasa. - dijo sonriendo y mirándola fijamente mientras se pasaba la lengua por los labios. - Estás nerviosita porque hoy es el gran día, hoy cumples dieciocho. - y miró a los profesores que miraron con los ojos abiertos a Cielo Riveros que, aterrada, miró con los ojos vidriosos a su director y a sus profesores que de pronto sonreían con sádica lujuria.

Natalia y Katherine Riveros nunca habían sido buenas estudiantes, aprobaban siempre raspando, con notas bajas, y en septiembre.

Su último año iba a ser catastrófico, no podrían examinarse para ir a la universidad, pero sucedió algo que cambió su destino.

Un día de finales de febrero, después de que Natalia ya hubiera cumplido dieciocho y pasara a ser ya la primera de las hijas en engrosar las filas de la web de contactos, llegó a la casa de los Riveros  Javier, el profesor de Química.

Cuando Ana abrió la puerta desnuda, Javier, que la conocía de las entrevistas con los padres, se quedó de piedra. Ana, que también le reconoció, ni se inmutó. Estaba acostumbrada, era increíble la cantidad de gente que conocía que usaba esos servicios.

La cara del profesor y su incredulidad fue en aumento cuando conoció a su cita. Ver a Natalia desnuda sobre la cama, con las piernas dobladas y abiertas le excitó sobremanera. Siempre había fantaseado con follarse a alguna de sus alumnas, pero con el uniforme del colegio puesto, así que cuando se quedó a solas con ella, le pidió eso, que se pusiera el uniforme. Natalia, sonriendo, avergonzada, con miedo aun, llevaba solo poco mas de un mes follan do con desconocidos, a eptó, y su profesor la folló desde atrás con el uniforme puesto, y así hace cada vez que va, incluso hoy día, con ella y con Katherine Riveros, a la que también visitó en cuanto cumplió los dieciocho y enterarse de lo que sucedía en esa casa, hecho que compartió con el director, el cual sabia que no diría nada, y con todos los profesores del centro que sabía estarían callados.

Desde ese día, fueron varios los profesores que usaron a Natalia, y un año después también a Katherine Riveros, pero con la condición de ir cuando no estuvieran las hermanas pequeñas, al principio con Natalia solo, y después, ya con Katherine Riveros, que no estuviera Cielo Riveros, para que no supieran que sucedía.

Así pues, desde que Javier, su profesor, la usara la primera vez y después pasaran por entre sus piernas y su culo varios más, Natalia supo que podía usar su cuerpo para subir nota, y eso hizo, saciar a sus profesores de su lujuria en el propio colegio, su coche, el baño de un bar en el que quedaban, donde fuera, de forma gratuita, a cambio de aprobados, y como buena hermana, se lo contó a cuando esta empezó a suspender, y es algo que la chica sigue haciendo hoy día en la universidad, a donde Natalia rechazó ir para trabajar con su padre en su despacho, algo a lo que nadie se opuso.

Aquella mañana, los tres profesores de Cielo Riveros, esperaban que la niña empezara a suspender para poder sacar de ella el mismo provecho que de sus hermanas, y si no pasaba,.,. bueno, pues pagarían por ella, como ya habían hecho con Natalia y Katherine Riveros, y pagaron a gusto.

Le temblaban las piernas mientras volvía a su clase.

Cielo Riveros había descubierto que en el colegio también sabían el secreto de su familia, y que llevaban haciéndolo desde que Natalia empezó a prostituirse. La confesión hecha por el director y los profesores le había dejado tan aturdida que cuando le dijeron que podía irse no reaccionó hasta que la tocaron el hombro y dió un bote asustada.

- En un mes veremos si eres mejor que tus hermanas. - dijo sonriendo el director al despedirse de ella - Y si sigues fallando en clase… siempre puedes subir nota como hicieron ellas.

Casi sin darle tiempo, recordando esa frase y las miradas de sus profesores, Cielo Riveros corrió a los lavabos y entrando en una de las cabinas se arrodilló para vomitar mientras sollozaba sin poder creer todo lo que la pasaba y la iba a pasar desde hoy.

Los despachos de Joaquín y Hugo estaban juntos.

Cada uno tenía su propia secretaria. La de Joaquín era una mujer a punto de jubilarse que llevaba con ellos desde que fundaron la gestoría hace quince años. En cuanto eso sucediera, Natalia, que ahora era la de Hugo, sería la única secretaria. De hecho, más que nada por la obvia razón de que se los follaba a ambos, desde que entró a trabajar allí después de graduarse en el colegio, con apenas dieciocho, Natalia er quien llevaba el grueso del trabajo y la que asistía a las reuniones que los dos socios tenían bien a solas bien con otras personas.

La gestoría era una empresa pequeña, de solo diez empleados. Nada que ver con el despacho de abogados de Alberto y Victor, una planta entera de un edificio de oficinas de la Castellana y que contaba con casi cien empleados.

Sería la una cuando Hugo salió de su despacho, fijándose en como Natalia jugaba a frotar sus pies descalzos bajo la mesa, con los zapatos de tacón tirados a un lado. Sonrió, al chica andaba descalza siempre que quería por toda la oficina, paseando así sin problema  sin que nadie se atreviera a decir nada, era la hija del dueño. El gestor recuerda que Ana, la madre de Natalia, tiene una costumbre similar en el despacho de abogados de Alberto, y al igual que ahí, nadie se atreve a decirle nada  la hija del jefe. A Hugo le gustaba esa fijación de las mujeres Riveros  de ir descalzas. Sabía que en las casas era obligación, pero también sabía que a madre y primogénita, les gustaba lucir sus pies a todas horas y donde fuera.

- Su padre y yo tenemos una comida. Nos vamos.

- ¿Necesitan algo? - dijo sonriendo Natalia y guiña dolé un ojo mientras se pasaba la lengua por los labios.

Hugo negó sonriendo.

- Puede irse a casa… No. Creo que hoy había quedado con su hermana en ir a por la pequeña al colegio. Era su cumpleaños, ¿no?

Natalia asintió siguiendo el juego a Hugo. En el coche, mientras venían de casa, con el grumo de las dos corridas de su padre y Hugo aun en su boca, después de recogerlos con la mano del coño y culo, su padre y su socio, habían hablado de que hoy era el gran día de Cielo Riveros, y Hugo, ya le había dicho a Joaquín que deseaba probar a la pequeña de la familia cuanto antes.

- Si… iremos a comer algo juntas y luego a casa. Hoy tiene fiesta con la familia. Vienen los abuelos.

Hugo sonrió, estaba al tanto de lo que pasaría esa tarde, y eso le excitaba. Sonriendo a natalia, fue al despacho de Joaquin y pocos minutos después, ambos salieron tras despedirse de las secretarías. Una vez se fueron, Natalia, tras ir y volver del baño luciendo sus pies descalzos por todo el enmoquetado piso, apagó el ordenador, se calzço sus tacones, se puso el abrigo y despidiéndose de la secretaría de su padre, se marchó para ir en busca de Katherine Riveros y recoger juntas a Cielo Riveros.

Viendo a su hija Ana salir de su despacho contoneándose y casi arrastrando los pies descalzos cubierto por las sedosas medias, Alberto tuvo que hacer grandes esfuerzos para no follarla o llenar esos pies de su corrida después de una  buena paja con ellos, pero debía guardar todo lo que tenía en sus testículos para su nieta Cielo Riveros.

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