Capítulo 4 - Mi prima es un contenedor de semen
Tengo que intervenir para salvar la situación. (traducido con la inteligencia artificial de la página web)
hace 2 semanas
«Qué asco la han dejado, esta puta… Tiene semen por todas partes, ¿cómo coño me la voy a follar?»
Una voz masculina me hace abrir los ojos. La hoz de luna está aún en el mismo punto del cielo, debo haberme quedado dormida unos segundos. Una sombra está junto a Lisa y la mira con una mueca de asco en el rostro.
¡Es Aquiles! ¡El corazón me salta a la garganta! Agarro los pantaloncitos y los levanto.
Él alza la mirada hacia mí al sonido del tejido que se mueve. «¿Quién coño hay ahí?»
Me falta el aliento. ¿Debo… debo responder? «Soy Manuela.»
«Ah, la prima gorda de esta zorra, ¿verdad?» Me busca en la oscuridad. Sonríe con sorna. «¿Tú también has conseguido que te hagan una pandilla?»
Me muerdo los labios. «No… yo estaba…»
Lisa se gira sobre un costado, apoya la cabeza en un brazo e empieza a roncar. Las grandes tetas están manchadas de blanco, la ingle depilada está aún peor.
Aquiles sacude la cabeza. «Sóbria se hace la interesante como si tuviera el coño de oro, la puta, pero en cuanto bebe se lo da como el pan..» Se mete las manos en los bolsillos. «Me voy a follar a otra.»
Un escalofrío me recorre la espalda. Él está tan cerca, cachondo… yo… «¡Espera, Aquiles!»
Él gira la cabeza hacia mí. «¿Qué coño quieres?»
Trago saliva, la mente es un torbellino de ideas oscurecidas por el miedo a un “no”. «Yo… pensaba que…»
«¡Muévete, que se me está poniendo flojo! No quiero perder el pensamiento de esa puta desnuda de la mente antes de follarme a otra.»
Inspiro. «Sí… ¿por qué… por qué no me follas a mí?»
Él estalla en una carcajada. «¿Pero te has visto? Puedo tener a todas las que quiera, ¿y tendría que rebajarme a follarme a ti?»
El corazón me late en los oídos. «Está oscuro, Aquiles. No me verías. Me pongo al lado de mi prima, tú me follas a mí y mientras le tocas las tetas y el culo…» ¿De verdad he dicho algo así? Las tripas se me están derritiendo.
Aquiles se queda con las manos en los bolsillos y mira fijamente a Lisa. Se arrodilla junto a ella, le pone una mano en el hombro y la gira boca arriba. Los brazos de la chica se abren y una pierna se queda doblada en la rodilla, abriéndose de par en par. Él le agarra las tetas, se las separa, las mueve arriba y abajo.
Se pone de pie. «Que le den… Vale.»
La cara se me calienta. «¿De… de verdad?»
«Ponete aquí al lado,» Aquiles indica un punto junto a Lisa, sobre la manta, «pero no debes decir una palabra y…» su voz se hace más dura, «…que nadie sepa que te he follado, ¿ok?»
Salto de pie. «¡Sí!»
«Entonces bájate los pantalones y tiéndete en el suelo.»
Lo hago, los pantaloncitos y las bragas me quedan en los tobillos, y me tumbo junto a Lisa. Ella respira con un ronquido vago. El olor a semen que emana es tan fuerte que es una sensación física, casi cubre el hedor a alcohol.
Aquiles está sobre mí, se baja los pantalones y saca la polla de las bragas. Abro los ojos como platos: en la poca luz proyectada por la luna, es grande como en las fotos. Resopla por la nariz. «Qué situación de mierda…» Se arrodilla entre mis piernas.
Abro los muslos. «¿Qué quieres? ¿El coño o el cu—»
«¡He dicho que te calles, puta! No me distraigas o...» La punta de su glande roza los labios de mi coño.
Me pongo una mano en la boca. ¡No quiero arriesgarme a que cambie de idea!
Aquiles apoya el glande en mi coño, lo desliza hasta la entrada de la vagina y empuja. La cabeza me abre de par en par, entra con fuerza. Abro la boca intentando respirar pero el aliento se me bloquea en la garganta, como si la polla me parara los pulmones. Arqueo la espalda, aprieto la manta con las manos, es demasiado grande para mi coño… Ningún dildo mío ha sido tan grande, me ha llenado hasta este punto. Es como tener un brazo que se mueve en el coño, está aún húmedo por el dedo de antes o la cosa podría ser peor.
Él se inclina hacia adelante y agarra las tetas de mi prima, su boca se abre en una mueca de satisfacción. «¡Joder, qué tetas tan grandes!» De sus dedos gotea el semen de Mario, aprieta los pechos arañándolos, los separa, los mueve arriba y abajo.
Aquiles empuja la pelvis hacia atrás, mi respiración tiembla, estoy a punto de vomitar. Las paredes del coño colapsan cuando deja el huec— Empuja, tengo la cabeza en la garganta, me asfixia.
«¡Joder, sí, puta!» Se mueve hacia atrás, hunde, mi cuerpo se empuja hacia adelante. Joder…
Él se baja sobre el cuerpo de Lisa, baja la cabeza, el flequillo oxigenado es un cometa plateado que cae sobre el pecho de la chica, se mete un pezón en la boca con un fuerte sonido de chupeteo. «¡Mhm! ¡Mhmmmm!»
La cabeza me da vueltas, una oleada de calor sale de mi cuerpo en forma de gotas de sudor. El alcohol – los pocos sorbos que he tragado – chapotea en mi estómago bajo los embistes de Aquiles. Ahogo un gemido que se me escapa. Me meto una mano bajo la camiseta y me toco un pecho: está duro hasta doler, el pezón se mueve contra el tejido de la camiseta que parece una lija.
unos dedos me tocan el cuello, me lo aprietan. Aquiles tiene en una mano la teta de Lisa, en la otra mi garganta. Golpea contra mi ingle, su polla grande como un brazo me devasta. Rugió. «Eres mi puta, ¿verdad que eres mi puta?»
«Sí, soy tu puta, amor mío,» susurro con los ojos cerrados. ¡Soy tu esclava sexual, soy tu sumisa, fóllame todos los agujeros, destrúyeme, quiero tu polla y tus manos en todas partes!
La mano libre me agarra el clítoris incandescente, un latigazo de dolor ardiente me corta el costado y la ingle. Me lamo los dedos con la lengua y los mojo y vuelvo a pajearlo. Es una polla pequeña erecta fuera de mi coño, es como tocar una herida, cada roce es placer que me destroza, me arquea la espalda, me aturde hasta la confusión. No puedo parar, estoy superando las tierras de placer que conozco y me lanzo hacia tierras desconocidas, en una niebla negra de lo ignoto y extrañeza, tropiezo en un gemido, caigo y ruedo en un aturdimiento, me falta el aliento, la mente está llena de un zumbido silencioso.
La polla es la madera que aviva el fuego de mi libido, una llamarada me quema, un grito se alza de mi garganta.
«¡Correte, zorra, córrete!»
La espalda se me levanta, la mano en la garganta me mantiene en el suelo, un tsunami de placer me asalta, sube por mi cuerpo, me destruye la mente, erupciona de mi boca.
Los huesos de mis piernas están a punto de romperse, los pulmones a punto de explotar, mi conciencia se apaga.
Muero.
Inspiro hondo, el olor ácido de la excitación me asfixia, el sudor me raspa las narices.
Aquiles clava hasta el fondo de mi coño su majestuosa polla y se detiene. «¡Lisa… joder-Lisa-sí!». Agarra la teta con tanta fuerza que mi prima gime, el aliento se me corta bajo la presión de sus dedos. Él se pone rígido sobre mí, emite un chillido y se corre. Un litro de semen hirviendo explota en mi coño, me llena. Me asfixia.
El chico jadea, las gotas de sudor que caen de su frente brillan a la luz de la luna. Abre la boca y suspira. Pone las manos a los lados de mi cuerpo, se da un impulso y se pone de pie. La polla se desliza fuera de mi sexo, dejándolo vacío como un corcho que salta del cuello de una botella. Chorro de semen caliente y pegajoso brotan del coño mojándome el perineo.
Respiro a pleno pulmón, la cabeza dándome vueltas por el orgasmo. Gotas de semen me caen encima del glande. Clavo los ojos en el adonis que me ha hecho sentir la mejor sensación de mi existencia. «Gracias, Achi—»
Él levanta un dedo frente a sus labios. «¡Te he dicho que te calles, zorra!» El dedo me apunta. «Y no te atrevas a decir por ahí que te he follado.»
Lisa emite un gemido. «Haced silencio… me explota la cabeza…» Se gira sobre un costado y me muestra el culo.
Aquiles mete su polla en los pantalones. «Yo nunca he estado aquí, ¿entendido?»
Asiento, me doy cuenta de que no puede verme en la oscuridad. «Sí, lo prometo.»
«Bien. Ahora me voy que no quiero arriesgarme a que alguien me pille aquí con dos mierdas como vosotras.»
«¿Dices que vendrá alguien más?»
Él me apunta de nuevo con el dedo. «Te he dicho…»
Levanto las manos como disculpándome.
Aquiles se gira y se va hacia la cabaña.
Lanzo una mirada a Lisa. Me acerco a ella, le meto una mano bajo el cuerpo y la otra la paso por encima. Le aprieto las tetas. Un estremecimiento crepita en mi coño. ¡Qué suaves y placenteras al tacto!
«Si tuviera una polla, ahora te follaría yo también, puta…» La beso bajo la nuca y acerco la boca a su oreja. «Ah, si estabas demasiado desmayada para darte cuenta, Aquiles, que tanto querías follarte esta noche, me la he encontrado dentro yo y no tú…»
Sonrío y apoyo la cabeza en la manta, el cansancio que empieza a notarse. Dejo salir el aliento de los labios. ¿De verdad podría llegar alguien? Giro la cabeza hacia mi prima. ¿Alguien que quiera follarla también pero le dé asco el semen que tiene encima? ¿Alguien que podría follarme mientras manosea a Lisa, como acaba de hacer Aquiles?
Me siento, me quito los zapatos, pantalones y bragas de una patada, y me empujo con las manos hasta la cabeza de Lisa. Le doy un par de toquecitos en una mejilla. «Oye, ¿estás ahí?»
«Mhm…» Lisa mueve una mano sin siquiera acercarse a mí. «Quiero dormir.»
«Despiértate, puta.»
Ella gime de nuevo, se gira boca abajo.
Perfecto. Me pongo con la ingle contra su cara y le muevo la cabeza para que su boca esté contra mi coño. «Lámelo, puta. Si llega algún otro chico a follarte y te encuentra demasiado sucia, quiero estar yo lo bastante limpia para que me folle de nuevo en tu lugar.»
Sí, perseguir a mi prima por la fiesta me ha hecho follar de verdad, y estoy segura de que esto es solo el principio de una noche inolvidable.
FIN
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