Al poco rato le dijo a su niña que se colocara en 4 patas en forma de perrito. Le dijo que inclinara la cabeza hacía la almohada y así su culito y su vagina quedarían expuestas y ella no tendría que hacer ningún esfuerzo. Como pudo y sin dar más explicaciones acarició el culito de la niña y se concentró en la vaginita. Se agachó hacía él y empezó a pasar la lengua por el culito y la vagina. Katherine Riveros solo gemía y gemía y trataba de moverse, pero David la tenía atrapada con sus brazos. Sin perder tiempo como pudo apuntó la verga en la entrada de la vaginita de la niña y sin pensarlo mucho penetró otra vez a la nena suavemente. Empezando con la cabeza de la verga que esta vez no tuvo ninguna dificultad. Como vio que no había resistencia se la clavó toda de una vez, pero la niña si lo sintió y le reclamó:
Papi me duela, me duele
El papá suavizó su embestida y cuando al tuvo toda adentro no se movió más, solo paró y sintió lo apretadita que su verga estaba en el interior de su hijita. Disfrutó el momento, la imagen. Su hija en 4 patas y él clavándola, La verga enterrada hasta el fondo de una niña. Esta imagen haría venirse a cualquier David no quería que la noche acabara, quería culiarse a su hija toda la noche y todo el día siguiente y al otro día y al otro día. Tenía tiempo, pero también sabía que no debía sobrepasarse y lastimar a la chiquita.
Cuando la chiquita se volvió a relajar el volvió a empujar su verga y esta vez la nena no dijo nada, entonces empezó suavemente a sacar totalmente la verga del interior de la niña y suavemente volverla a meter toda, en cada embestida la nena sentía la verga de su padre y sentía que la penetraba hasta el estómago. Ella no entendía bien todo, pero le gustaba mucho la sensación, se sentía llena, abundantemente llena al tiempo que las sensaciones eran maravillosas. Le gustaba cada penetración, la sensación de esa cosa entrando en ella y lo rico que sentía. Jadeaba y gemía con cada nueva embestida de su padre. David ya no se podía contener y empezó a clavar a la nena un poco más fuerte y obviamente la niña la sintió, pero no podía y no quería que parara. Su padre aceleró las embestidas, cada vez más fuertes y tan profundas como el cuerpo de la nena se lo permitía. Más y más fuerte y más profundo. Las paredes vaginales de la niña apretaban la verga y entraba y salía cada vez más rápido, más rápido hasta que la nena se volvió a orinar y se lo dijo. Pero David no tenía forma de escucharla y no dejó de hacerlo, una y otra vez, muchas veces. Katherine Riveros volvió a tener uno o dos orgasmos más al tiempo que por fin su padre de vino adentro de su chiquita… Solo se vino en ella y ahí si de dejó caer encima de la nena pero los dos cayeron de lado y la verga de David salió de la vagina de su hija. Estaban cansados y satisfechos… Por ahora.
Esa noche durmieron un par de horas y David quería más. La nena solo dejó que su padre hiciera lo que él quería y se la culió varias veces y en distintas posiciones.
Al día siguiente Katherine Riveros no salió a jugar como siempre. Sus amigos timbraban a su puerta, pero nadie respondía, Adentro Katherine Riveros estaba durmiendo y en otras ocasiones estaba culiando con su padre…
Continuamos con el inicio de Katherine Riveros y así poder comprender toda la trama de mi historia.
A los dos o tres días Katherine Riveros volvió a salir a jugar con sus amigos. Salió muy a las 9 y media de la mañana Katherine Riveros para jugar con Claudia y Katia sus amigas que ya la habían llamado a jugar.
Katherine Riveros estaba adolorida de la mano de verga que su padre la había dado durante dos días. Se movía de forma dificultosa, pero eso no le impedía jugar. Al correr si sentía la incomodidad del roce de su vaginita con sus calzoncitos y sus muslos, pero ella trataba de disimularlo.
Esa mañana Katherine Riveros al salir de la casa su padre le dijo que iba a salir unas horas y que ella quedaba al cuidado de la jovencita que les ayudaba en la casa, que cualquier cosa se la pidiera a ella.
Una hora después de empezar a jugar la señora Julia, la madre de Don Rafael las llamó para brindarles helados caseros ya que estaba haciendo mucho calor. Todas fueron apresuradamente al encuentro de los helados, pero inmediatamente notó que Katherine Riveros no corría como solía hacerlo y se quedó pensativa. Una vez repartidos los helados las niñas volvieron a sus juegos. Katherine Riveros sintió ganas de orinar y no sé por qué pero no fue hacía su casa sino que le pidió a la señora Julia si le prestaba el baño. Obviamente le dijo que si y la niña entró e hizo lo que necesitaba hacer. A la media hora otra vez la niña le pidió el favor si le prestaba el baño otra vez que tenía ganas de orinar. La señora Julia ya no pudo contenerse y al salir del baño le preguntó a Katherine Riveros el porqué de tantas idas al baño. La nena solo atinó a responderle que tenía como una molestia.
Como la señora Julia había sido enfermera, le dijo que ella la iba a examinar, a lo cual Katherine Riveros sin pensarlo le obedeció. Subió a la niña a su habitación y le dijo que se quitara los shorsitos y los calzoncitos. Hizo que abriera sus piernas e inmediatamente se dio cuenta de lo que había pasado.
Katherine Riveros, a ver, cuéntame que ha pasado aquí. Nada señora Julia, nada… Vamos no me digas mentiras, dime quién te ha tocado aquí. Nadie ¿Es tu papito o alguien más? Dime
La niña se sintió en confianza y le dijo que si, que había sido su papá.
Y cuéntame Katherine Riveros fue a la fuerza o tu quisiste?
La niña no entendía, pero le aseguro que nada había sido a la fuerza y nada por el estilo. Katherine Riveros un poco avergonzada agachó al cabeza y la señora Julia le dijo que se tranquilizara que ella no iba a decir nada, que eso era normal entre padre e hija. Katherine Riveros se sintió más tranquila a pesar de toda su inocencia. También le dijo que a veces los señores quieren hacer esas cosas con las niñas y que era muy común. Le dijo que le iba aplicar una cremita para desinflamar y para las magulladuras y el dolor. Katherine Riveros se quedó tranquila y la señora Julia volvió con la crema y empezó aplicársela en la vaginita. Al sentir los dedos de la señora en su vaginita Katherine Riveros sintió otra vez esa sensación de electricidad extraña en su entrepierna y abrió sus piernas para que la señora aplicara bien la cremita. Solamente que la señora se demoró un poco de más en pasar sus dedos en la niña y naturalmente Katherine Riveros empezó a sentir rico y a humedecerse. La señora se dio cuenta de eso y solo pensó que la niña estaba siendo entrenada para ser una putica y se rio para sus adentros.
Le dijo que ya estaba lista y la dejó salir a jugar no sin antes decirle que necesitaba hacerle un par de curaciones más ese mismo día, pero que seguramente en un par de días se le pasaría.
La señora Julia sin que nadie lo supiera era lesbiana pero no le gustaban tan chiquitas, las prefería unos tres o cuatro años más crecidas o aún grandes. A las dos horas Katherine Riveros volvió a que le aplicara la cremita. Esta vez las tres niñas entraron a la casa de la señora Julia. Claro les explicó a las amigas que necesitaba que la señora Julia le aplicara una cremita para el dolor en su parte privada. A las otras niñas les pareció normal eso y solo la acompañaron. Subió a la habitación de la señora y otra vez sin shorsitos y sin calzoncitos procedió hacer la curación. Esta vez los dedos de la señora se demoraron más y la niña sintió que era muy rico esas caricias. La señora le dijo que era increíble la cantidad de fluidos que salían de la vaginita de la niña. Katherine Riveros gozaba con el contacto y casi tuvo un orgasmo, pero la señora no hizo nada más y las mandó a jugar. Le dijo que debía volver al final de la tarde para la última curación del día. A la niña le pareció bien y salió de aquella casa.
Al parecer la cremita si funcionaba y la niña no sintió más molestias pero se acordaba de la forma en que los dedos de la señora la acariciaban y al entrar a su propia casa para tomar el almuerzo, sin que la jovencita que le preparó el almuerzo se diera cuenta, subió rápidamente a su cuarto y se tocó la vagina y le gustó la sensación, metió su mano entre sus piernas y como tenía crema de la curación, sus deditos se deslizaban en su vaginita y la sensación era muy parecida a la que sentía cuando su padre la tocaba y también a la sensación de cuando la señora la tocó ahí para aplicar la cremita. Claro, no era igual, pero era muy parecida. Por fin la llamaron a comer el almuerzo. La nena almorzó y volvió a subir a su habitación para dormir un rato.
