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Las niñas de mi barrio
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Racconto112 min di lettura

Las niñas de mi barrio

Cielo Riveros) de 10 años y Katherine Riveros (Katherine Riveros) de 11 años, con Claudia de 11 años y Con Katia de 12 años, la verdad todas eran niñas muy lindas y culoncitas. Él era muy especial con ellas y ellas también lo eran con él. No había sospecha de nada porque Don Rafael y Doña Julia eran muy especiales y muy amables con todos los niños. Doña Julia siempre que hacía calor nos llamaba para darnos helados hechos en casa para todos, eso era un sueño.

Katherine Riveros pensaba otra vez, si Cielo Riveros lo ha hecho yo también lo puedo hacer.

David volvió a la carga y le indicó a su hija que volviera a meterse la verga en la boquita. La niña lo hizo y empezó a chupar al tiempo que con las manos detrás de la cabeza le iba indicando para encontrar el mejor ritmo. La nena chupaba y David trataba de que su verga entrara un poco más en la boquita de la nena, era imposible. La nena chupaba y cada vez apretaba más la verga de su papá con la boquita.

Qué rico mi amor, que rico, sigue, sigue así

La nena se estaba cansando, pero seguía con la idea de que si su hermana Katherine Riveros menor lo hizo ella debía hacerlo también. Continuaba con su tarea. Chupaba y chupaba, a veces su papá se pasaba y la verga de él le llegaba casi hasta la garganta entonces la nena se quitaba y empezaba a toser, pero cuando le pasaba volvía otra vez a chupar y chupar. David sabía que la niña no iba aguantar mucho tiempo así hasta que le indicó a su hija que colocara la boca en forma de tal que no tuviera que hacer fuerza y dejara que la verga entrara suavemente y ella solamente la trata de aguantar con la lengua. Cambió la estrategia y así empezó a sentir que la boquita pequeña se acomodaba mejor y empezó a bombear la boquita de la pequeña, cada vez más rápido sin violencia. La nena sentía que su papá estaba siendo algo brusco, pero a la vez quería ver a su papá feliz. Entraba y salía, bombeaba y bombeaba y la nena con la boca ya abierta solo atinaba a dejar su lengua como para frenar la embestida de su papá. Entraba y salía. La niña trataba de sostener la verga de su papa con las dos manos Katherine Riveros, era difícil hasta que por fin su papá le avisó. Sintió su boca llena de líquido y abrió lo que más pudo su boquita y logro sacar casi por completo la verga de su papá, pero los chorros eran bastante grandes, parte del semen quedó en su boca, parte en sus labios y el resto en su carita de niña. La escena era maravillosa. Katherine Riveros atragantada de líquidos y con cara de asustada, no sabía qué hacer, no entendía muy bien lo que pasaba. Se tragó lo que tenía en su boca y su papá se inclinó hacía ella y empezó a besarla por la carita de ángel y sin pensarlo mucho le metió la lengua en su boca y así Katherine Riveros tuvo su primer beso y qué beso. Seguía besándola y besándola hasta que entendió lo que debía hacer para recibir y dar un beso real de adultos. Se sintió amada.

David a pesar de haberse vaciado con la boca de su hija tenía energías y Katherine Riveros de más batalla. Mientras la seguía besando pasaba sus manos por todo el cuerpo de su hijita y como no había hecho nunca empezó a meterle un dedo en la vaginita lubricada con sus propios jugos, era la mejor sensación para ambos, la niña encantada de sentir a su padre.

La niña sentía las caricias de su padre y no podía dejar de suspirar, las sensaciones eras nuevas y maravillosas. Con las piernas abiertas a más no poder la nena se dejaba manosear, pero a su vez era un poco incómodo ya que su vaginita no estaba acostumbrada a ese tipo de caricias. Sin embargo, se sentía segura porque era su padre.

David sabía que no podía se muy agresivo. Solamente manoseaba a la niña e iba jugando con su vaginita. Se tomaba todo su tiempo para recuperarse y al mismo tiempo para hacer que la nena empezara a lubricar. Su dedo entraba un poco y luego jugaba alrededor. Los labios pequeños se abrían y se cerraban al pasar del dedo invasor.

No hablaban. Las caricias iban en aumento. Se escuchaban los gemidos y la respiración acelerada. Cuando se dio cuenta que la pequeña vagina se adaptaba a su dedo trato de hacer lo mismo, pero con dos dedos. Tenía que lograr lubricarla mucho para que no fuera doloroso, quería que todo fuera placentero y así enseñarle que no le haría daño.

La niña solo trataba de abrir más las piernas y darle acceso total a su cuerpo, pero ya estaba totalmente abierta así que lo mejor que podía hacer era estimularla suavemente, pero sin detenerse. Sus dedos ahora pasaban de arriba hacia abajo haciendo círculos en su pequeño clítoris sin lastimarla, solo estimularla. Se detenía en la entrada de la vaginita y presionaba con los dos dedos para ver si lograr ensanchar la cuevita de su hija. Entraba un dedo muy bien, pero la entrada del segundo dedo era difícil. Entonces se limitaba a presionar un poco en los lados y los extremos de la cuevita.

Tomaban un breve descanso para beber, agua para la chiquita y un sorbo de Whisky para el padre y sin decir una sola palabra el padre volvía a su labor de manipular y tratar de ensanchar (agrandar) la entrada virginal de la niña. Fueron varios minutos para lograr introducir dos dedos en la pequeña vagina. Una vez pudo hacerlo volvía a recorrer los labios vaginales alrededor varias veces y otra vez los dos dedos adentro. Los dedos ahora hacían círculos muy pequeños como tratando a agrandar su cuevita. Una vez logrado esto, los dos grandes dedos de su padre se veían entrando y saliendo completamente de su lugar sagrado. La nena no podía creer que ese par de dedos pudieran entrar en ese lugar.

El padre siguió estimulando a la niña hasta que creyó que era el momento de penetrar a su hijita con su verga. Para que la nena manejara bien la penetración David se acostó boca arriba en la cama e hizo que la pequeña se sentara encima de él. Así de esta manera ella podía ir guiando la entrada en su cuerpo. La chiquita fue sentándose poco a poco en la verga de su padre. La punta de la verga entró con facilidad, quizás un centímetro o un centímetro y medio. Cuando la nena sintió la invasión creyó que la iba a romper. David la sostuvo por al cintura y no dejó que la verga la penetrara más. Así con empezó a subirla y bajarla para que se acostumbrara. Arriba y abajo. La sensación e David era maravillosa, sentía las paredes vaginales de su hija muy apretadas, pero se tomó su tiempo. Poco a poco la verga iban entrando un poco más y por cada centímetro adentro, él volvía a levantarla y a sentarla encima pero limitando la penetración. La levantaba y la sentaba una y otra vez. En muchos intentos, muchos de verdad. La niña sentía que la verga del padre estaba alojada completamente en su estómago, ella decía que la sentía muy adentro, pero amaba esa sensación.

Una vez hubo penetración total la nena no podía mantener la posición y cayó encima de su padre que con sus besos la recibió sin moverse dentro de ella. La nena no podía moverse, se sentía completamente llena e incapaz de moverse. El padre la dejo descansar y dejó que se recuperara un poco. Cuando sintió que la nena se relajó empezó a moverse un poco para arriba y para abajo tratando de levantarla un poco, evitando maltratarla. La tomaba de las caderas ensanchadas por la penetración, la levantaba un poco y él sacaba un poco su verga y así con paciencia y suavemente fue levantándola y sentándola una y otra vez. La nena gemía en cada nueva pequeña penetración. Trataba de incorporarse y moverse, pero ella solo podía moverse un poquito a los lados, solo un poco nada más. Su papá la subía y bajaba hasta que la niña se desplomó otra vez encima de su padre y solo grito:

¡Papi me oriné! Tranquila mi amorcito no importa.

La niña había tenido su primer orgasmo real. David la dejó descansar, pero no salió de ella. Su verga necesitaba más y más. Otra vez cuando sintió que su niña se recuperaba empezó a jugar otra vez. Pero esta vez fue un poco más agresivo. La verga entraba y salía con más facilidad debido a los fluidos de los dos y obviamente al ensanchamiento de la pequeña vagina.

Para papito, para me duele, no aguanto más, por favor Ya mi niña, ya

El padre no siguió y por fin salió de ella, aunque él no quería. Simplemente le dijo:

Bueno mi chiquita descansa un poco.

Apartó la niña y la dejó acostada en la cama. Se levantó fue por agua y más whisky. Le dio a beber agua a la niña, la llenó de besos. Apuró un trago y fue por toallas y más agua para limpiarla. Le separó las piernas y vio que en la vaginita había un poco de sangre unido a fluidos de los dos. La vaginita de la nena estaba agrandada, inflamada como nunca al tiempo que muy enrojecida debido al inevitable maltrato. Sin embargo, la cuevita estaba abierta. Pasó la toalla húmeda y empezó a limpiarla al tiempo que la chiquita al sentir el pasó de la toalla simplemente tuvo una especie de convulsión debido al roce.

David se volvió acostar al lado de su niña y empezó a darle caricias y besos. La niña solo se abrazaba al padre y sentía el amor. Sin embargo, David quería más y más. Con sus manos entre las piernas de la chiquita volvió acariciarla. La noche apenas empezaba.

Prima di andare avanti…

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