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Cielo Riveros, y Katherine Riveros, son dos jovencitas bien putitas
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Cielo Riveros, y Katherine Riveros, son dos jovencitas bien putitas

uno de los señores el más lanzado de ese grupito empezó a silbarle y hablarle algo vulgar ya que vio que no había mucha gente en el parque… mamitaaaaaaa ricaaaaa pero que deliciosa estasss pa reventarte en mi cama mi amor siiiiii a ti mamita a la de la faldita azul mamitaaaaa

 

Evidentemente la incauta chica sintió la dureza de aquel miembro, faltándole al respeto a esa corta falda, y atravesado incluso levantándose ligeramente, con amenaza real de llegar hasta la ropa interior de la chiquilla. Aquello se ajustaba de tan coordinada manera, que si no fuese porque llevaban las ropas puestas todo estaba predispuesto para la tan ansiada penetración por parte del viejo. Eso obviamente la alarmó, aunque de cierto modo le resultaba gracioso, ver el grado de excitación de ese sujeto, pegado a ella y con esa erección… se sentía admirada, deseada, bonita… Además, entendiendo lo peligroso de ello, sabía que debía ponerle un alto a todo ello, a esos niveles de atrevimiento de ataques corporales, más que cualquier cosa.

 

-Señor… decía la chica con su voz sensual

 

-Dime Apolinar mi vida, mi chiquilla.

 

-Ok, don Apolinar… le decía que ya se terminó la canción … y quedamos que solo un rato bailaríamos …

 

-Ándale. Otra nomas. Bailas bien rico

 

–A poco no la estamos pasando bien, ¿eh?

 

Acto seguido el verdulero le restregaba de manera frenta y disimuladamente potente hacia la nena para que volviera a sentir aquel inquieto mástil. Katherine Riveros, comprendía bastante bien el actuar del viejo que la tenía encadenada a su fofo cuerpo.

 

-Esta última y ya, ¿de acuerdo? Es que de veras, ya es tarde y me tengo que ir a casa si no mis padres me regañaran.

 

-¿Hmmm…? –zumbo el viejo verdulero , estaba realmente entretenido en esas punteadas como si fuesen parte de los pasos de baile.

 

-Que bailaremos esta y ya –replico con cierta impaciencia la chiquilla sintiendo cada desvergonzada punteada cerca de su sexo.

 

-Sí, sí. Lo que tú digas chiquita. Aunque no hemos bailado mucho es muy poco. Imagínate si hubiera hecho una fiesta por mi cumpleaños. La música ahí no dura tan poquito, ¿o sí?

 

-Ah, pero tampoco se la pasaría bailando conmigo todo el tiempo. Le respondió la joven

 

-Como de que no. Yo contigo bailaría hasta que me dolieran las patas Eres como un ángel bailando.

 

La nena empezaba a relajarse un poco más, sintiéndose halagada por lo último mencionado y siguiendo el juego verbal del hombre, a pesar de sentir aquellas punteadas que no cesaban y pareciera que quisieran abrirle la minifalda con ello. Ella quiso voltear a ver, pero fue inútil dado que el abultado estómago le truncaba la visibilidad. Vagaba en aquella escena, trataba de entender lo ridículo que le era que el viejo se la pasara punteándola a pesar de que era un simple baile, aunque su mente trabajó en imaginarse lo que sería ese viejo mostrando esa verga bien parada y brillosa.

 

le debo su regalo, don Apolinar eeeh. Es que no tenía dinero y mis padres no quisieron darme , jeje – le hablaba la niña al desperfecto oído del viejo.

 

Este bien pudo responderle lo que pensaba el viejo, que su regalo de cumpleaños bien podría dárselo ahora; una deliciosa sesión de sexo bastaria.

 

la canción ya prácticamente acababa, en instantes ella se iría y si no daba un paso más intrépido la palomita se escabulliría sin remedio, aunque bien estaba la otra opción, optar por una violación, pero quería hacer todo por las buenas sus asuntos con ella.

 

No te fijes por el regalo mi reina. Te voy a decir la puritita verdad: eres una chamaquita muy… amable, muy linda. Tú me gustas muchooo… jejeje… es la purita verdad -expreso el viejo –Pa mi este es mi regalito, el que estés conmigo, bailando con un viejito como yo, porque que esperanzas que una niña tan dulce y chula como tú se ande fijando en mí imposible.

 

Katherine Riveros, realmente no sabía qué decir ante las declaraciones emitidas por la salivosa boca del viejo, que le provocaba una lástima más que un temor. La colegiala agacho la cabeza, sintiéndose avergonzada. Bailaban ya varias canciones y ni siquiera lo notaba.

 

Gracias don Apolinar por declararse ante mí y decir esas cosas tan lindas.

 

-De que chiquita. Yo estoy re contento de que estés aquí conmigo, bailando con este pobre viejo porque pues siendo sinceros, ¿no?, uno nunca tendría la oportunidad de estar con una dulzura tan delicada y hermosa como tú.

 

Siendo sinceros uno nunca tendrá una posibilidad de estar con una chamaquita tan linda y delicada como lo eres tu dulzura… jejeje…

 

-Qué cosas dice don Apolinar… –expresaba la chiquilla con voz trémula e inquieta dada esa especie de declaración que el calenturiento viejo estaba haciendo, además su respiración se agitaba, más que cualquier otra cuestión, por el hecho de que el viejo la apretaba cada vez hacia el.

 

el pervertido expresaba esos sentimientos para con ella, haciendo difícil inhalar y exhalar, prácticamente le incrustaban la verga en su vagina dada la permisividad de las prendas de ambos y sus posiciones actuales.

 

-Nomas digo la purita verdad mi reina.

 

-Sí, bueno, es que, osea, me da como penita, jejeje.

 

-Que no te de pena mamasita, como ya te dije, es la purita verdad. Tu padres A ti si te hicieron con mucho amor por eso saliste tan bella, jejeje.

 

-Don Apolinar por favor, no siga, que me pongo muy nerviosa. -la nena, que respiraba pesadamente y a pesar de sentir lo que expresaba, bien le estaba gustando y esperaba que el viejo continuará con las mismas. Tranquila chiquilla, estamos en confianza.

 

Desde hace tiempo tú me gustas. Y Me siento enamorado de ti. Mmmta… se me antoja decirte un montón de cosas que ni te imaginas… decía el viejo seguía endulzando con sus palabras.

 

La curiosidad mató al gato(a). Asi que la chiquilla hablo

 

-¿Y… qué son esas cosas que usted tendría para decirme? –preguntaba con aire escrupuloso aunque con evidente nerviosismo, sonriendo tragando un poco de saliva después de haber hablado, sabiendo lo que provocaría, por hacer semejante pregunta.

 

El viejo entendía muy bien que estaba haciendo un gran trabajo, convenciendo de su teoría aquella chiquilla era de una alma pervertida y solo habría que sobrellevar todo. Estaba con los ánimos elevados y con esto comprendía que aquella mujer podría fácilmente estar en la misma sintonía.

 

-Ay chamaca...

 

. Katherine Riveros, fue sorprendida por un apretujón del fofo hombre, que la contraía a su prominente barriga y ese húmedo pecho, apoyando sus amplias manos y con firmeza desde las partes donde nacían sus deliciosas nalgas. El mañoso viejo empezaba a meter sus manos debajo de la liviana MINIFALDA, prácticamente sintiendo la íntima y delicada ropa de la chica.

 

-Desde que te he visto pasar todos los días al colegio con tu hermana me llegaste hasta dentro -decía el hombre mirándola a brillosos labios, con un rostro de semejante pervertido.

 

-¡Nooo! Nooooo nooooo–expresaba alarmada la chiquilla al ver que el hombre empezaba a revolver la parte inferior de su falda, empezando a esculcar por debajo de este. -¿¡Don Apolinarrr… que hace!?

 

 

 

Al extasiado sujeto poco le importaba la queja de la chiquilla, estaba más dispuesto a sus sobajeos que a cualquier otra precaución.

 

-Ay mamacita. Estas rebuena. La nena comprendía que los ánimos se elevaban mucho más, sobre todo a la manera tan vulgar e insolente referida con ella de parte del verdulero. Definitivamente era momento de ejercer resistencia.

 

-No. No don Apolinarrrr, por favor suélteme por favor nooooo nooooo decía la joven.

 

¿Sabes qué? Eso del regalito podemos arreglarlo ahora, jejeje.

 

-No don Apolinar… suélteme. Su regalo se lo traigo otro día que tenga dinero.

 

La niña ya no veía tan inocente aquel juego, preocupándose, más porque la manera en la que este le hablaba resultaba muy grosera, aunque debía admitir que ese juego de resistencia (al cual no contribuía demasiado pensándose más débil que el hombre) le empezaba a resultar si no entretenido si un tanto curioso pues involuntariamente le gustaba este tipo de sometimiento, involuntariamente se insiste porque bien sabía que el viejo buscaba transformar aquello en otra cosa y sabía que debía de salir de ahí.

 

-Mejor dámelo de una vez.

 

-¿Cómo? Decía la chiquilla

 

-Si ricura. Que tal… si me das un besito y así pues ya no me traes regalo y no me deberás nada. Que dices chiquita –decía el hombre prácticamente orientando sus curtidos labios hacia los brillosos labios de la jovencita, que a su vez ella trataba de esquivar mostrando su total renuencia de encontrarse con esa desalineada boca que rozaban su cara sintiendo además como el viejo seguía profanándola con la dureza de su erección.

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