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Cielo Riveros me hacen una Violación doble en una noche
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Racconto41 min di lettura

Cielo Riveros me hacen una Violación doble en una noche

– Mira putita como me tienes, de pronto se empezó a quitar el cinto y pude notar un gran bulto en su pantalón. – eres una putita bien rica, con solo verte en bikini haces que piense miles de cosas, mmm que rico se te ve tu culito, bien marcado y tus tetitas ni se digan, de todas mis alumnas tu eres la que más me pone caliente.

 

Mientras tenía el orgasmo el borracho movía más rápido su lengua en mi clítoris, los pelitos de su barba me picaban los labios vaginales y todo eso hacía que la intensidad del orgasmo aumentara.

 

Tomándome de mis piernas me abrió completamente y con una habilidad que nunca había sentido comenzó a penetrarme con su lengua, al sentir su aspereza un segundo orgasmo llego de manera más intensa, mi espalda se arqueo al sentir semejante orgasmo, encajé mis uñas de la mano libre en la tierra húmeda mientras que con la segunda apretaba el poco cabello de la cabeza del borracho.

 

Mis gemidos fueron gritos de placer y por ese breve instante deseaba que no se terminara y que alguien escuchara mis gritos de placer.

 

Al cabo de un rato los espasmos fueron disminuyendo y comencé a calmarme, estaba muy agotada pero el mendigo aún seguía tomando todo lo que mi conchita le daba. Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad del parque y pude notar que estábamos en el centro del mismo. No sabía que me había pasado pero aún seguía sintiendo la viscosidad de su lengua dentro de mí.

 

De pronto deje de sentir su lengua en mí, se puso de pie y con su mano tomo su verga. –Ven preciosa, te toca hacerme sentir bien. Sin decir nada me puse de rodillas frente a él, me tomó de la cabeza y me empujó hacia él, mi cara chocó con su pene erecto y pude sentir de nuevo su calor en mi rostro. –Te daré una segunda oportunidad para que me recompenses por la mordida que me diste.

 

Sentí unos golpecitos suaves en mi frente, luego en mi nariz y finalmente en mis labios y dio unos golpecitos como si tocara la puerta para que le abrieran, sin otra alternativa y sabiendo que no la tendría fácil de aquí en adelante abrí la boca.

 

El borracho comenzó a hundir su verga en mi boca hasta meterla completamente en mi boca, al sentirla pasar por mi garganta sentí arcadas horribles, mi instinto me hizo querer sacarla de mi boca pero mi captor me tenía bien sujeta y me la dejo dentro por unos segundos. Cuando ya vio que me estaba ahogado dejo de presionarme y rápidamente me la saque para tomar una gran bocanada de aire.

 

Su risa burlona resonaba en todo el lugar por la cercanía de los árboles  e inmediatamente volvió a meterme su verga en mi boca. Yo empecé a mamar su verga y a mover mi lengua sintiendo algo viscoso, él puso sus manos en mi cabeza y empezó a follarme rápidamente la boca. -uff si, que rico lo hace mamita. -Mi cabeza iba hacia delante y detrás y mis pechos botaban al ritmo de la follada que me estaba danto. Me tenía agarrada firmemente y no se le veían ganas de soltarme. Me estaba atragantando por tremenda follada, se me empezaron a escapar la lagrimas debido a la intensidad con lo que me lo hacía y horriblemente sabía que eso le agradaba.

 

–que bien lo haces putita, sigue, que buena eres.

 

-mmm… y que ricas tetas tienes -me decía mientras bajaba una de sus manos y me pellizcaba el pezón que tuviera a su alcance.

 

Al poco rato de seguir follandome la boca, el borracho sacó su verga de golpe. Unos chorros de saliva cayeron sobre mis piernas y mis pechos y rápidamente comencé a recuperar el aire que tanto me hacía falta.

 

Sin darme tregua el borracho me tomo del cuello y me aventó al árbol, al golpear mi espalda con el tronco hizo que se me saliera el aire y aprovechando que no oponía resistencia comenzó a besarme y lamer mi cuello, de pronto con su pierna derecha empujo mi pierna para separarla de la otra en ese momento capte lo que venía, forcejee para evitar a toda costa que me penetrara pero sus mordidas en mis orejas ocasionaban que me excitara de nuevo y no pudiera oponer mucha resistencia, con una de sus manos tomo su verga y con la otra levanto mi pierna, acomodo su fierro en mi conchita y con un movimiento rápido me penetro de golpe, el dolor no fue intenso por que entro fácilmente por lo mojada que estaba, pero el gozaba al lastimarme y humillarme y es así como contra el árbol que jugué de niña en el parque me metieron por segunda vez una verga muy dura y caliente esa misma noche.

 

Aprovechando que mi vagina se encontraba húmeda por el orgasmo que había tenido, me la metía una y otra vez sin parar cada vez más y más rápido, me preguntó si me gustaba pero me limite a gemir. Me la metía cada vez con más fuerza, entraba y salía, mi respiración era agitaba y gemía como una perra mientras mis pechos se movían al ritmo de sus embestidas.

 

–Mmmmmm q rica conchita tienes me decía. Esta tan caliente y apretada. Mis lágrimas comenzaron a recorrer mi cara y note como mi humedad escurría por mis piernas por lo excitado que se encontraba mi cuerpo. Sin para de follarme llevó su mano hacia la unión de nuestros sexos, empapo sus dedos en ella y me obligo a que se los lamiera, le encantaba humillarme.

 

Ya no me importaba nada, primero me habían follado por la fuerza en los vestidores de mi escuela y ahora donde tenía los mejores recuerdos de mi niñez, en ese parque, quedaron destruidas en el mismo árbol en el que jugaba. Sin tomarle importancia empecé a chupar la excitación que cubría sus dedos. Me sentía la peor mujer del mundo por el placer que esta sintiendo al ser follada por un completo extraño.

 

Tras metérmela por un rato, sentí que sus penetraciones eran más rápidas y su mano apretaba con más fuerza mi pierna que tenía levantada y eso solo significaba que estaba a punto de correrse, me pregunto que si en donde quería su leche, pero no le conteste, en ese momento sentía que yo también estaba a punto de tener otro orgasmo, trate de controlarme, de aguantar el orgasmo y cuando menos lo esperaba sentí que algo muy caliente comenzaba a llenarme mi conchita, escuche al tipo como gemía y sentía sus embestidas más fuertes y de repente comencé a tener un orgasmo más, comencé a gemir más fuerte que las veces pasadas y el tipo me decía eso mi putita, gime de placer como la perra que eres. Clave mis uñas en la espada del mugriento borracho y deje que el orgasmo me llenara completamente.

 

Al cabo de unos minutos caímos exhaustos al piso, tarde un momento en recuperarme y trate de levantarme apoyándome en el árbol, pero mis piernas me dolían y no podía mantenerme de pie. En eso el tipo se levantó, se sacó su camisa mugrienta y me la tiro en la cara, se acercó hacia mí y me dijo: eres una buena puta mi amor, ponte esa camisa y vete a tu casa y cuando quieras que te den una buena cogida ya sabes dónde encontrarme, y sin decir más se alejó dejándome medio desnuda a mitad de la noche.

 

Estaba adolorida, ya no me importaba nada, me levanté como pude y me puse la camisa mugrosa que me dio el borracho, afortunadamente me cubría hasta por arriba de las rodillas. Al salir del parque no se veía ninguna alma en la calle seguí mi camino hasta mi casa descalza y aguantando el frio de la noche y a la merced de cualquier otro sicópata que quisiera usar mi calor para pasar la noche.

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