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Cielo Riveros seis albañiles me cogen duro
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Racconto49 min di lettura

Cielo Riveros seis albañiles me cogen duro

¡Que buena estás mamacita! ¡Que ganas de meterte la verga en tu culito! ¡No corras que no muerdo nomas te cojo chiquita! * y otras cosas que no alcance a escuchar. Típico que ven a una chica sola, desprotegida y le dicen vulgaridades, eso me puso muy nerviosa en ese momento el camino se me hizo eterno hasta que por fin salí de esa calle y di vuelta en la esquina para llegar a la parada del camión, lo abordé y llegué a casa.

Ayúdame a abrirle las nalgas para que le pueda entrar mejor. Le dijo su amigo a mi chofer.

Entonces el abrió mis nalgas y sentí la piel y mi ano estirarse y eso dolía un poco, pero me gusto así que le pedí que me las abriera con más fuerza me sentí tan cachonda ahora con el culo abierto totalmente esperando que me metieran ese bate.

Mi chofer me estaba abriendo fuertemente las nalgas, yo me sentí muy vulnerable y excitada.

Ya amor, méteme el bate, solamente hazlo con cuidado, poco a poco. Le dije al amigo de mi chofer.

Como les comenté era un hombre más grande y pesado. Entonces puso el bate en mi ano y fue empujándolo con su peso poco a poco, sentí una punzada como la primera vez, ahí supe que me iba a volver a doler pues mi ano no estaba acostumbrado a ese grosor todavía, sentí como se iba abriendo mi ano, la punzada era fuerte otra vez volví a derramar lágrimas, pero no me resistí solamente relajé mi cuerpo pues quería tener eso dentro de mí, el hombre me comenzó a decir cosas lascivas.

* Hay mamacita te voy romper el culo mi amor, prepárate te la voy a meter hasta donde te quepa.

* Sí, ya métele el bate eso es lo que quiere.

Al oír esas cosas me sentí de nuevo cachonda, quería darles un buen espectáculo a esos hombres pues podía notar el morbo con el que lo estaban haciendo.

Ábreme más las nalgas, ábreme mi culo más fuerte con tus manos. Le suplique a mi chofer.

Él las abrió más fuerte y sentí mi piel estirada y adolorida, yo quería sentir placer en todo mi cuerpo así que me toqué los senos, estimulé y pellizqué mis pezones, y al sentirme muy cachonda, con el plug anal que aun traía en mi mano me penetré la vagina para sentirme totalmente cogida, así que lo dejé puesto.

* ¡Ya mi amor rómpeme el culo!

Apenas le dije eso, sentí como empujo el bate con su peso, y mi ano se abrió tanto que pude sentir una fuerte punzada, un desgarro y ardor mayor a lo que antes había experimentado, sentí como el bate entro hasta el fondo y topo en mi interior, hasta el vehículo se movió en ese instante grité, y comencé a llorar teniendo el bate dentro, y el hombre dijo ya estás bien abierta mi amor era lo que me pediste, entonces sentí que me lo iba a sacar y le hice una señal con mis manos temblorosas, para que no lo moviera, porque no podía hablar del dolor. Me sentía una escuincla ahogada en su propio llanto.

Déjamelo adentro, no lo saques. Le dijo llorando entrecortadamente.

* ¿Te gusta mamacita?

* Sí, me duelo mucho, pero sí me gusta. A ver, comienza a cogerme con el bate suavemente.

Él comenzó a cogerme con el bate suavemente, lo hacía muy profundamente.

* A ver sáquenmelo y díganme como se me ve el ano.

Estas sangrando mamacita. Me dijo mi chofer.

* Se te ve bien abierto. Me dijo el amigo de mi chofer.

* Ábranme las nalgas y comiencen a cogerme de nuevo con el bate, pero sacándolo por completo y metiéndolo a fondo varias veces.

Se ve que te gusta arto sentirte cogida. Me dijo el chofer mientras metia el bate por mi ano.

¡Aaayyy! ¡Aahhh! ¡Me duele mucho! ¡Aaahh! ¡Aaahh! ¡Sí! ¡Aaahh! Yo me sentía muy lastimada y cogida, fue hermoso. Mi masoquismo estaba siendo satisfecho. Mi ninfomanía se avivaba.

Me cogieron a si durante una media hora y yo quede sobre el cofre rendida y gozando de ser cogida analmente con ese bate tan grueso.

Al sentir mi culo tan abierto y sensible, la excitación que sentía era desbordante, estaba tan alcoholizada, desinhibida, cachonda y llena de morbosidad por violentar mi cuerpo que le pedí al amigo de mi chofer que dejara el bate y me penetrara con su puño cerrado. El taxista se humedeció la mano con mis fluidos y cerró su puño para comenzar a empujarlo contra mi ano, sentía como mi esfínter anal trataba de abrirse para recibir ese puño, yo trate de relajarme, pero estaba muy nerviosa mis piernas temblaban y el abdomen se me contraía del miedo. Le pedí que lo hiciera con más fuerza y su puño comenzó a entrar en mi culo. Yo sentía como se me desgarraba el esfínter, era deliciosamente doloroso, mis gemidos se ahogaban con mi llanto.

* ¡Aaayyy! ¡Aahhh! ¡Ah! ¡Mmm! ¡Ahh! ¡Sí! ¡Aaahh! ¡Aaaauuu! ¡Ahhh! ¡Ah!

* ¿Así te gusta?

* ¡Ya lo métemela por completo!

Entonces el taxista empujo con fuerza, sentí como si me hubiera golpeado con el puño cerrado en mi culo, su puño entro completamente, sentí como mi culo estaba completamente roto, el reloj metálico que el hombre tenía en su muñeca, me raspo el ano, así que el taxista saco su puño y se quitó el reloj, arremangó su camisa y comenzó a meter su puño dentro de mi culo una y otra vez, era como si me estuviera golpeando, me sentí muy agredida, humillada y violentada, justo lo que quería, había excedido mi limite. Estaba sufriendo más de lo que podía soportar, empecé a llorar y vi como mis lagrimas caían sobre el cofre.

¡Gracias amor! ¡Gracias! ¡Ya fue suficiente! Él retiró su puño manchado de sangre.

Mira como sangraste. Me dijo sorprendido y con una mirada muy morbosa.

Mete tus dedos en mi boca. Le dije con voz dulce y cachonda.

Entonces hice una de las cosas más perversas que he llegado a hacer. Le chupé cada uno de sus dedos, y continué lamiendo mi sangre anal por el resto de su mano, hasta dejarla completamente limpia.

Unos minutos después ellos ya se habían recuperado, así que me arrodille y se las mamé hasta que se vinieron en mi boca, me trague todo su semen y les sonreí con mi cara toda escurrida de rímel por mis lágrimas. Nos despedimos de su amigo, me vestí y mi chofer me llevo hasta mi casa, no me cobró por el servicio, me pidió mi número de teléfono y nos despedimos. Bajé del taxi y caminé hasta entrar en mi casa totalmente cansada con las piernas escurridas de semen y sangre, quedé rendida de inmediato en mi cama y desperté hasta las 2:30 de la tarde.

Al día siguiente amanecí muy adolorida, con mi cuerpo muy maltratado y chupeteado, el culo ya no me sangraba, pero ardía. Me sentí sexualmente plena, satisfecha, absurdamente querida y deseada por los hombres, disfruté de mi cuerpo entre las sábanas, pues aún sentía el placer del semen que esos 8 hombres habían eyaculado en mi interior…

 

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