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Cogida por un viejo 1
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Racconto42 min di lettura

Cogida por un viejo 1

Cielo Riveros bien noto aquel bulto y le sorprendía que tan diminuta persona pudiera dibujar algo enorme, aunque bien podría ser parte de sus exageraciones. Ella reaccionó cuando sintió que una mano la tentaba por detrás, recorriéndole la espalda llegando hasta el inicio de sus nalgas

Cielo Riveros es cogida por un viejo

Sobre la vieja cama de metal, en ese cuarto que carece de color que no sea el gris del tabicón con el que está construida la casa, ambos cuerpos, cansados, yacían uno junto al otro. Una imagen verdaderamente contrastante: un deforme bulto varonil, su cuerpo se expone sin ninguna fuerza del respeto a la belleza, sobresale esa barriga cual montaña de carne y grasa y las tetillas flácidas que se desparraman por sus costados, ella en cambio exhibe un juvenil ejemplo de belleza corporal, tan simétrico y digno para ser trenzada al desnudo, sus bellos pies, las potentes piernas, el vientre plano, sus soberbios par de pechos y esa carita lozana, encantadora que deduce el alma sensible, pero ahora pérfida, salvaje e insolente. Lo único que comparten ambas figuras el brillo lubrico causado básicamente por el sudor emanado y compartido durante esa sesión emancipada de aducido y burdo sexo. Con el pasar de los segundos los sentidos de Cielo Riveros se vuelven normales, sintiendo los líquidos que resbalan por su vagina, apreciando de igual manera el hediondo, pero indemne olor que emana de todo, en absoluto, cuerpo de su amante, un olor insoportable para cualquiera, ya no para Cielo Riveros que ha adoptado de manera sutil tales inconveniencias. En efecto, los remordimientos hacen acto de presencia en ella cuando el viejo murmura algo ininteligible y resopla muy favorecido. Pero todo se interrumpe cuando de nueva cuenta vuelven a tocar ahora con violencia la puerta. Alguien grita desde afuera, es una voz varonil reclamando la presencia del inquilino. Ella lo ve poniéndose el pantalón de mezclilla mientras sonríe con satisfacción obtusa hacia ella que no hace lo mismo, aun se siente desvanecida en su languidez mental. Candelario saca unas sandalias de abajo de la cama y se dirige a atender, gritándole al otro alguna grosería, aunque nota que el bien lo conoce por la forma de referirse a él.-Que chingaos quieres -dijo Candelario al visitante.-Jeje… cabrón. Hasta 'ya fuera se oyen los berridos. Que, ¿ora si te conseguiste una vieja?

-A huevo. Pero que chingaos quieres pinche cabezón.

Aquel, con gran habilidad, sin pedir permiso y por una naturaleza impertinente y entrometida, penetro la puerta y ya se estaba paseando dentro del 'hogar' de Candelario, sin llegar a la recamara donde estaba Cielo Riveros, aunque trataba de divisarla, quería saber, por natural curiosidad, como era aquella que se había atrevido a acostarse con su horrible vecino.

-Eh, eh... Onde vas. Salte cabrón que orita ando ocupado.

-Sí, de eso ya me di cuenta. Te digo que hasta 'lla fuera se escuchó todo. ¿Es una de las de don Chuy?

-No cabron. Ora si dime, que chingaos quieres que nomás llegas a interrumpir.-Pos necesito mi caja de herramientas. Nunca devuelves las cosas.

-Ya te las iba a devolver cabron. Namas que no había tenido tiempo. Orita te las traigo, 'perame.

-Ja. Apúrale pues, porque me anda esperando en maestro -dijo el hombrecillo que, por las múltiples manchas de grasa obscura en sus ropas, parecía dedicarse a la mecánica automotriz.

El viejo se introdujo hacia un pequeño cuarto ajeno a la recamara donde departió con tan sublime jovencita. Mas la curiosidad del recién llegado era obvia que el hizo lo propio, de manera cauta para no pelear con su amigo. Se colocó en un ángulo propicio, tenía facilidad para ello. Al principio no diviso mucho, favorecía el hecho de que aquel espacio estuviera solo defendido por una simple cortina que se mecía por el casi inexistente viento. Pero entonces una pequeña ráfaga fue suficiente para descubrirla: era sin dudas la mejor mujer que había visto en toda su burda vida, al menos vista de cerca y en condiciones expuestas. La chica era hermosa, estaba de espaldas, buscando algo de ropa sobre la cama, pues se notaba que se estaba vistiendo, pero aun así poseía una figura angelical, divina, una joven dignísima y sumamente atractiva.

Obviamente resulto una sorpresa para el inadvertido pues caía en la cuenta de que tal figura de constitución angelical se había acostado con el adefesio de su amigo, a menos que hicieran otra cosa, pero no era tan estúpido como para re solucionar así. Se rascaba el expuesto cuero cabelludo de su enorme cabeza, que era desproporcional a su cuerpo, no lograba encontrar una lógica precisa que diera con el resultado congruente. De ninguna manera una mujer así tendría siquiera arrumacos con hombres como él o como su amigo, a menos de que les pagaran, pero vaya que tendrían que pagar una suma considerable y seguro estaba que Candelario ni la mitad tenía para conseguirse a una ninfa de tan graciables características.

Su cavilación fue interrumpida por la figura de su amigo que venía con la caja de herramientas solicitada. Definitivamente tenía que sacarse esas mil y unas dudas[p1] .

-Oye cabron. No me digas que tú y esa morrita...

-Acá tienes tus cosas. Ya te puedes ir porque...

-No perate cabron. Tranquilo, sss... -dijo el hombre quitándose del hombro la mano de Candelario que lo instaba hacia la salida. -No mames, ¿te andabas cogiendo a ese culito?

-Ya no estés chingando pinche chaparro. Ya, ahí tienes tus cosas. Dices que tenías prisa, ¿no?

-Aguanta pendejo. Mejor dime si tú y esa mamasota... -La negativa expedición de una clara respuesta y el encomio le dictaron que efectivamente Candelario y esa jovencita estaban desde hace rato dándose una buena cogida. -No chingues. ¿Y esa donde te la conseguiste? Porque no son las de don Chuy. Ya pura vieja guanga queda por ahí.

-Que te importa pendejo. Ya deja de estar chingando -expreso en tono molesto, mirando hacia el interior de su casa, con la natural vulnerabilidad que sentía porque alguien más apreciaba lo suyo.

-Oye cabron. Ya dime, onde la conseguiste. Yo quiero una así.

-Pos por ai. Nomás esa valen muy caro.

-Me imagino. Pero que, ¿a poco tienes un chingo de dinero? Si todavía me debes cabron.

-Sí. Luego te pago. Si nomas son 200 varos.

-Como siempre. Entonces que, como le hago, donde consigo una... o cuanto quieres por dejarme un rato con ella. Te doy dos milpas por un ratito con ella.

-No cabron. Esa vieja es solo mía.

-Ándale cabron. Ya ves cómo eres culero. Si bien que te hecho paros, como con el Fino, o con el Concho... o te acuerdas de antier...

-Ya, ya cabron. Ta bueno.

-Entonces, ¡¿sí?! -hablo emocionadísimo el hombrecillo.

-Nomas que dos mil como que no...

-Tres en chinga.

-Ora pues. Namas que le vas a hacer como yo te diga.

 

 -Sí, sí, sí. Lo que tú digas Cande. Chido carnal.

-Epa. Dando.

Acto seguido aquel sacaba un arrugado billete de quinientos pesos y se los entregaba a Candelario.

-Eh... quedamos que 3 varos.

-Al rato te paso el resto. Hazme paro. Al rato cobro, no me quiso pagar el viejo por disque falte en la tarde ayer.

-Hm...

-Al rato cabron. No seas culero. Ya sabes que tengo palabra.

-Órale pues -mascullo mirando nerviosamente a la puerta de su habitación creyendo que alguien salía. -Nomas que le vas a hacer como yo te diga, porque se suponía que nomas me la iba a coger yo, pero...

Quedaron platicando y en minutos Candelario daba las indicaciones precisas y necesarias, recalcándolas cada vez para ese inesperado evento, que resultándose beneficioso porque iba a poder cobrar por ello, buscaría una ventaja tal vez incluso adicional.

La nena ya se había vestido, estaba sentada en la cama, revisaba de manera ocupada su celular. Había visto la gran cantidad de llamadas y mensajes, la mayoría de su compañero de colegio. Reviso los textos en concreto, en el leyó lo que se imaginaba, que Armando la estaba esperando, consultando si todo estaba bien con ella, donde estaba, a qué hora llegaba y dictados más o menos por el estilo. Ella respondió que ya estaba en camino, que en momentos llegaría, que lo disculpara, porque se sentía responsable con él, más que atosigada por su amiguito. El mensaje era corto y preciso, con eso se sentía poco más aliviada.

En eso, entraba de nueva cuenta el viejo, exhibiendo esa barriga abultada y con la sonrisa en sus chuecos y resecos labios.

-Que hubo mamacita. ¿Por qué te vestiste? Donde vamos, jejeje.

La nena miro con ojos temerosos, aunque con la seguridad de lo que tenía que hacer.

-Ya me... voy -dijo la chica con cara dulce y piadosa, que a su vez y con lo dicho ese rostro solicitaba permiso. -Tengo que...

 

 -A dónde mamacita. Si todavía no hemos terminado.

El viejo se abalanzó, aplastando con su pesado y pegajoso cuerpo sobre la chica que reclamaba su liberación con mayor ahínco que cuando fue tomada para entregarse a este mismo hombre. Le sujeto ambas manos, subiendo sobre la cama, sentándose sobre las piernas para que ella no tuviese movilidad. Empezó a besarle el cuello, ella movía la cabeza desesperada.

Prima di andare avanti…

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