Dejé la puerta abierta, subí, tomé la tableta y fui a esperarla en la escalera. Lizette llegó corriendo y entró rápidamente a mi casa…subió, nos saludamos con abrazo, beso y manoseo…me dijo que me había extrañado mucho y que le debía su leche dominical…fuimos directo a mi dormitorio, nos desvestimos y le pedí darnos un baño; me miró, sonrió, me hizo sentar en la cama y me dijo que la espere un ratito…agarró su mochila y entró al baño… regresó con su uniforme: su blusita y su faldita; me dijo que ella sabía que yo esperaba verla así ese día y que no me podía fallar; me impresionó su inteligencia y madurez…la miré, le agradecí, le dije que se volteara para verla por atrás, lo hizo, le pedí que se inclinara un poco, lo hizo…estaba sin calzón y sus grandes glúteos aparecieron hasta desafiantes… no se me ocurrió agarrar la cámara como lo había imaginado, me arrodillé en el suelo, la jalé, le comencé a besar su culito, a tocarle las piernas, a manosear todo su cuerpito…ella me pidió que me pare, me agarró la verga y me dijo que lo primero que tenía que hacer era darle su lechecita de ayer, y me comenzó a mamar la verga, casi con desesperación…me apretaba los huevos, succionaba, lamía…no paró hasta que recibió buenos chorros de mi semen y lo saboreó con gusto…me dijo que ya había cumplido con lo del domingo, pero que la tenía que alimentar muy bien hoy; sólo de verle la carita de satisfacción, se me volvió a parar…nos dimos un duchazo muy caliente, pero yo tenía que aguantar para lo que quería hacer después…
Nos secamos y, desnudos, la cargué y regresamos al dormitorio…la paré en la cama y yo me quedé en el suelo, nos abrazamos y besamos, le chupe los pezoncitos, ella pegó su conchita a mi verga y comenzamos a frotar nuestros cuerpos, primero suavemente y, poco a poco, la presión fue en aumento…le agarré la conchita, ya estaba húmeda, la eché, le abrí las piernas, puse una almohada bajo su cuerpito y comencé a lamerle la vulva, los labios, el clítoris…a meter mi lengua, a moverla, a hacerla gemir, suspirar, moverse, chorrearse…ella me empujaba la cabeza con sus manitas y me apretaba con sus piernitas…yo bajé la lengua a su culito, le abrí las nalgas con ambas manos y le lamí la entrada del camino a su anito, virgen y apretadito…estiré mi mano, tomé el frasco del lubricante, me eché un poco en la mano y comencé a tocarle la zona, le metí un dedo en el culito, ella, por reflejo lo retiró un poquito, me froté el glande y el cuerpo de la verga con el lubricante…ella se movía, me decía: – Papito, te quiero…
Cuando sentí que estaba bien lubricado, coloqué la punta de mi glande en su huequito…ella me miró, hizo una muequita, sonrió y me dijo: – ¿Ya, papito? …estiré mis brazos, la agarré de sus hombritos, jalé todo su cuerpito hacia el filo de la cama, hacia mi… conforme avanzaba, la verga la iba penetrando…ella puso carita de dolor, pero no emitió ninguna queja…me miraba, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojitos y mojar su carita, yo seguía entrando, la verga la sentía muy apretada, hasta me dolía un poco, pero su entrega era tan hermosa, que no podía parar…tomé aire y se la clavé totalmente…vi que su boquita se abría y, antes de que saliera algún sonido, la besé profunda y amorosamente, le acaricié su carita, nos quedamos inmóviles…mi verga latía, sentía que su anito también…el calor era intenso…ella comenzó a mover su cinturita suavemente y yo a sacar y meter, una y otra vez, cada vez más fuerte, más rápido, más arrecho…ella me apretó los brazos con sus deditos, me pellizcó fuerte, subió y bajó dos o tres veces su cintura y, en el instante en que mi leche brotó, caliente y feroz a llenar ese lugar sagrado, ella gritó: – ¡¡¡Siiii, papito, Siiii, eres mi amooorrr!!! Y soltó todo su cuerpito, quedando exhausta y sonriente…lentamente fui sacando la verga, disfrutando cada milímetro de ese nuevo centro de pasión y placer…me eché a su lado, ella se subió sobre mí y nos quedamos mudos, adoloridos, satisfechos, chorreados de semen, sangre, fluidos de su conchita y llenos de amor…
Creo que dormimos un rato, al mirar el reloj, vi que eran 11:45…su mami estaba por llegar a almorzar…la acaricié, me dijo que le había dolido mucho, pero que sabía que lo hacía por amor y por eso no gritó…me impresionó nuevamente con su profundo sentimiento… ¡nueve añitos!… le dije que ya éramos totalmente uno del otro, que organice sus horarios y que, simplemente venga cuando quiera, que yo siempre la voy a estar esperando…que me haga conocer su horario para organizar mi tiempo, que era ella ya lo más importante de mi vida…se le veía feliz, pero adolorida…nos dimos un rápido baño para limpiarle el culito del semen y algo de sangre que le salió y se fue segura de que estaba comenzando una nueva etapa en su corta vida…lo mismo pensé yo, aunque no llegaba a entender totalmente cómo había llegado a convertirme en el papá-lechero-amante de una nena de nueve añitos, teniendo yo 72…cosas de la vida-
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