Cielo Riveros cumple 18 años y será cogida por toda la familia
Los Riveros Caballero son una familia especial con una curiosa y peculiar costumbre que viene de lejos y que tiene que ver con el momento en que las hijas cumplen los dieciocho. Hoy, Cielo Riveros, la pequeña de la familia, cumple esa edad.
El día que cumplía dieciocho, Cielo Riveros se despertó como cualquier día entre semana a las siete de la mañana con el despertador del móvil. Lo apagó y suspiró tumbada en la cama.
- Feliz cumpleaños Cielo Riveros. - susurró para sí. - Hoy empieza tu nueva vida.
Y sin demorarlo más, se levantó de la cama y fue hasta el cuarto de baño privado de su habitación. Allí se quedó mirando la camiseta que llevaba, sonrió a su imagen del espejo con cierto aire melancólico y de miedo. Desde hoy, no volvería a ponerse nada para dormir, hoy, como se había dicho así misma al despertar, empezaba su nueva vida.
Desnudándose, se metió en la ducha y dejó caer el agua caliente por su cuerpo mientras se enjabonar. La muchacha, acarició su pubis de vello moreno y rizado y se metió dos dedos en su prieto coño hasta el fondo, acariciando su himen mientras cerraba lo ojos y empezaba a meter y sacar los dedos despacio, dejando el placer salir de su interior y escurrirse con el agua de la ducha tras cinco minutos masturbándose comprobando en todo momento que su virgo estaba intacto, no quería defraudar a papá esa noche.
Salió de la ducha sin esmerarse mucho, esta noche tendría que hacerlo antes del gran momento, y se secó con la toalla pasando de nuevo a su habitación, dónde sacó de su armario la ropa del uniforme del colegio y se vistió. Medias rojas hasta las rodillas, falda a cuadros plisada, camisa blanca, corbata negra y jersey rojo. Hoy, ya, debía de dejar de usar ropa interior, así que ni bragas ni sujetador. Mirándose en el espejo de cuerpo entero que había en la puerta del armario, volvió a sonreír mitad melancólica mitad asustada. Después, sin retrasarlo más, a las siete y media salió de su habitación al pasillo de casa y miró a ambos lados, a las puertas de las habitaciones de sus hermanas. En la de la derecha, la de Natalia, su hermana mayor, estaba colgado un cartel de NO MOLESTAR en el pomo. Suspiró, ya estaba anoche cuando se fue a acostar, por lo que su hermana debía de seguir ocupada y no sabía hasta cuándo. La puerta del lado izquierdo se abrió y de la habitación salió su hermana Katherine Riveros, vestida con una camiseta blanca ajustada que le marcaba los pezones, un ceñido vaquero que se ajustaba asus piernas como un guante, y unos calcetines blancos en los pies.
- Hola canija, feliz cumpleaños.
Las dos hermanas se besaron. Katherine Riveros acarició la cara de Cielo Riveros, era más alta que ella, casi una cabeza, la mediana de las tres hijas de Riveros Caballero era la más alta de todas, la más voluptuosa, aunque Cielo Riveros se decía que a ella aun le quedaba que crecer y desarrollar, la pequeña todavía media poco más de metro sesenta y sus tetas eran muy pequeñas, aun así, era delgada y de figura estilizada.
- Gracias. - susurró la chica, y se puso de puntillas sobre sus pies descalzos para besar en la boca a su hermana, que la abrió receptiva y jugó con la lengua de Cielo Riveros unos segundos. Desde hoy, pensó la chiquilla, los besos en la boca, siempre.
Las dos hermanas se separaron y se sonrieron.
- ¿Nerviosa? - preguntó Almu.
Cielo Riveros, sonrió tímida y con los ojos algo vidriosos.
- Si. Mucho.
- Tranquila. Papá sabe lo que hace, tendrá cuidado.
- ¿Y el abuelo?
Katherine Riveros hizo una pequeña mueca.
- Depende. Nati siempre ha dicho que nunca le ha dolido, sin embargo, a mi aun me duele con él.
Cielo Riveros asintió, se secó las lágrimas y volvió a ponerse de puntillas para besar a su hermana, dejando que sus lenguas jugaran de nuevo.
- Bajemos. - dijo Almu - Nati no creo que desayune hoy con nosotras. Esta con el quinto de la noche.
- ¿Cinco? - dijo Cielo Riveros algo asustada.
- Y de uno en uno. Desde que se acostó ayer hasta ahora. A veces es mejor eso que uno solo que pague por toda la noche.
- ¿Alguna vez…?
- ¿Toda la noche? Si, tanto Nati como yo, y creeme, es muy duro, sobre todo depende de quien sea y si han tomado algo o no para aguantar más. Me ha llegado a follar el mismo tío hasta siete veces en una noche.
>> Los hay habituales que son muy caprichosos y muy resistentes. Pero tranquila, no pienses en eso, hasta dentro de un mes no empezarás a recibir gente de fuera. Primero somos los de casa, ya sabes. Papá, el abuelo, el tío y los primos.
La muchacha asintió, había visto lo que le iba a pasar ya dos veces, con sus hermanas, cuando llegó el día de su dieciocho cumpleaños y los días posteriores; y a pesar de que sabe que es cierto que en casa no se hace daño, o se procura no hacerlo, las recuerda llorando día tras día de ese primer mes y de los siguientes, cuando empezaron a llegar la gente de fuera. Luego ya se acostumbraron, le decían, y solo lloraban si tocaba recibir a alguno de los clientes especiales, los únicos que entraban junto a papá o mamá para que estos se asegurasen que no se excedían en el trato más de lo acordado.
Las dos chicas bajaron las escaleras al piso inferior del ático duplex en el que vivían en el centro de Madrid y entraron en la cocina. Su padre desayunaba sentado, vestido con su elegante traje negro y sonrió al ver a sus hijas bajar.
- Buenos días… Felicidades Cielo Riveros, cariño.
La chiquilla sonrió y fue hacia el hombre, se agachó y le besó en la boca, y sus lenguas se juntaron de nuevo. Joaquín llevó su mano al muslo derecho de Cielo Riveros y sintiendo como la piel de su hija se ponía como de gallina subió la mano hasta acariciar su entrepierna y metió un dedo dentro del coño de su hija que gimió tensandose y cerrando los ojos. El hombre, sonriendo, aguantando el beso de su hija sin dejar de jugar con su lengua en la de ella y su paladar, acarició el himen de la chiquilla y sacando la mano, separó su boca de la de su hija y sonrió chupandose el dedo.
- Hoy es el gran día cariño. Hoy serás mía del todo.
Cielo Riveros, aguantando un sollozo, esbozó una sonrisa y asintió. Saludó a su madre, que terminaba de preparar desayunos. Ana, elegante como siempre, vestida con su traje de chaqueta, con sus piernas envueltas en medias de nylon color carne, abrazó a su hija y la beso en la boca. Las puntas de los pies descalzos de ambas mujeres se tocaron mientras se fundían en un abrazo y las lenguas se acariciaban una a otra. Cuando se separaron, sin soltarse, había lágrimas en los ojos de ambas.
- Felicidades cariño. Hoy serás ya toda una mujer.
Cielo Riveros, asintió, dejó esperar unos segundos y soltó a su madre para sentarse a desayunar junto a sus padres y su hermana.
- Esta tarde, vendrás directamente del colegio, - dijo Joaquin mirando a su hija pequeña - irán a buscarte tus hermanas y vendréis las tres juntas. Al llegar a casa, subiras directa a tu habitación y allí,mamá y la abuela te prepararan.
Cielo Riveros asintió mientras removía su cola-cao.
- Luego, ya preparada, podrás bajar a merendar, y después, subirás a tu habitación y esperarás a que yo entre. Y entonces, ya, será tu momento.
- Sí papá.
>> ¿Será largo… dolerá? - dijo mirando a sus padres con los ojos llenos de lágrimas.
Joaquin sonrió, miró a su mujer y esta fue junto a su hija y la abrazó consolandola.
- Cariño… Las primeras veces siempre duele, pero papá tendrá cuidado, y no te hará más daño del necesario, como pasó con tus hermanas.
Cielo Riveros miró a su padre y a su hermana, que asienten sonriendo cómplices.
- Luego entrará el abuelo. - siguió diciendo su padre, a lo que Cielo Riveros se tensó, notando incluso a su madre, que no la soltaba, tensarse también - Y después, yo otra vez, y cuando acabe, podrás asearte con ayuda de tu madre y tus hermanas y si lo deseas bajar a cenar.
>> Mañana no es fiesta y tendrás que ir al colegio, aunque te duela.
Cielo Riveros asintió, su madre se separó de ella acariciándola y la dejó terminando de desayunar. La puerta de la habitación de Natalia sonó y poco después se oyeron pasos por las escaleras y un hombre de unos cincuenta apareció por la puerta.
- Hola Abel. ¿Cómo ha ido?
El hombre, que terminaba de vestirse poniéndose una chaqueta azul marino, sonrió mientras miraba la hora,
- Ya he terminado. Me guardo para cuando pueda venir a ver a Cielo Riveros. - Dijo señalando a la chiquilla. - ¿Hoy es el gran día, no?
Todos asintieron, el hombre entró y fue hacia Cielo Riveros y besándola en la boca, notando la receptividad de la chiquilla al momento y jugando con sus lenguas, sonrió.
